Historia de La Villa de Espeja y sus cosas notables
  1. Introducción
  2. Evolución Histórica de la Villa de Espeja
    1. Prehistoria
    2. Espeja Prerromana
    3. Roma
    4. Edad Media
    5. Edad Moderna
    6. Edad Contemporánea
    7. Apéndice: Censos de Población
  3. Curiosidades
  4. Manifestaciones Artísticas
    1. El Convento de Jerónimos
    2. Las Iglesias Parroquiales
    3. Imaginería
  5. Bibliografía

4.- MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS

    4.1. EL CONVENTO DE JERÓNIMOS.

    A partir del siglo XV la historia de Espeja como villa y centro de una comarca de cierta entidad, va a ocupar un segundo plano como consecuencia de un hecho que, a partir de ahora, va a condicionar en gran medida el modo de vida y las relaciones habituales de la zona. Me refiero a la fundación, cerca del lugar de Guijosa, del Convento de Santa María de Jerónimos de Espeja.

   La ubicación del Convento en el término de Espeja cambiaría, de forma considerable, la mentalidad de los lugareños, las propias relaciones sociales y económicas, va a introducir en la comarca un nuevo sentido religioso y, lo que es más importante, va a constituir un foco cultural de extremada importancia e influencia[1].

   El convento de Espeja no fue, en su fundación, un foco aislado, puesto que en Fuencaliente, apenas a cinco kilómetros, existía un monasterio de monjas cistercienses con el cual coexistió hasta finales del siglo XVI en que, a causa de un incendio, el cenobio de Fuencaliente fue destruido, año 1.584, y las monjas trasladadas a Aranda de Duero.

   El Convento mantuvo una gran vitalidad durante los dos siglos siguientes a su fundación, engrandecido y favorecido por obispos y nobleza. Sin embargo, su vida activa no fue demasiado larga. En el siglo XVIII se observa una paulatina decadencia que alcanza hasta los primeros años del siglo XIX en que el abandono de la actividad es bastante notorio.

   En 1.821 se inicia el proceso de desamortización de los bienes eclesiásticos paralela a la supresión de las órdenes religiosas. El proceso se inicia en 1.821 pero perdura, en diversas etapas, hasta bien entrado el siglo. Por aquella época el Convento de Espeja permanece cerrado, fruto de su propia decadencia, tan sólo regentado y custodiado por los párrocos de Espeja y Guijosa, a la sazón, antiguos frailes profesos.

   Con la expropiación y posterior subasta de los bienes, comienza la ruina física de los edificios, incluida la iglesia. Un guarda custodia lo que queda del convento hasta que, por causas que desconozco, se elimina también esta pobre vigilancia quedando abandonado a su suerte.

   En 1.939, año de ingrata memoria; la iglesia, único edificio aún en pie, es salvajemente demolida. Anteriormente, los objetos artísticos habían sido desperdigados, gran parte repartidos entre las iglesias comarcanas; otros por el resto de España y otros, los menos, en el extranjero. No faltaron tampoco los expolios de ladrones y vecinos. No fue mala pitanza para tanta rapaz.

   Hoy en día el viajero curioso puede acercarse por los restos de lo que fue en, otro tiempo, insigne convento. Allí verá la antigua fuente, algunos jabinos, muchos escombros, unas colmenas y el paredón del hastial del coro conservado, por no se que extrañas razones[2], y que indica el lugar en donde estuvo ubicada la iglesia.

   Haciendo un ejercicio de abstracción uno puede emocionarse evocando los días de gloria del Convento. Cerrando los ojos se podrá ver la iglesia repleta de arte, el palacio de los Condes de Castrillo, la huerta plagada de frutales, los establos llenos de animales, los frailes en oración de maitines; en fin, todo un período trascendental de la historia, el arte y la cultura de nuestro pueblo. Algo que hoy no podemos disfrutar a causa de la barbarie y la incultura.

   Del Convento de Espeja no se conoce ningún trabajo concienzudo y extenso, ni de carácter histórico ni artístico. Algunos autores lo citaron de pasada o hicieron pequeños estudios relativos a aspectos concretos o muy generales: aún así existe un desconocimiento absoluto por falta de una investigación seria y elaborada.     

    En este capítulo, al igual que en el resto del trabajo, me voy a limitar a ordenar, mencionar, detallar, transcribir y, en ocasiones glosar los testimonios y los escritos que he podido encontrar de otros autores. Es por tanto un ejercicio que se ajusta a las siguientes proporciones: 80% recopilación de datos y 20% investigación.

   Para un mejor orden voy a dividir la vida del convento en tres jalones principales que resumirían sus 400 años de historia[3] en nacimiento, desarrollo y muerte.

4.1.1. FUNDACIÓN

    La fundación del Convento -o monasterio-[4] de Jerónimos de Espeja se debió  al empeño del Cardenal D. Pedro Fernandez de Frías, obispo de Osma y, más tarde, Cardenal de España. El Cardenal fue, de suyo, un personaje singular en la época; de carácter intrigante y sumamente ambicioso según cuentan las crónicas. Amado y respetado por unos; temido y odiado por otros. La fundación del Convento no se libró de mezclarse con las malas artes y la fama de su fundador y primer bienhechor, como ahora voy a relatar.

   Por varias razones el obispo D. Pedro pensó en la fundación, en el seno de su diócesis, de un convento de Jerónimos. En primer lugar por hacer una obra pía y, en segundo, por complacer al rey Enrique III que "se había aficionado a esta religión". En esto el Cardenal pareció guiarse por una especie de "peloteo". Sigamos el relato del Padre Sigüenza[5] en el que es meridiana la antipatía que siente por el bueno de D. Pedro.

   " Todo el empeño del Cardenal fue hacer una obra pia de mucho nombre por cobrarle en esto, entendiendo que no le tenian por muy devoto. Pareciendole que con edificar un monasterio de religion, que tanto exemplo dava al mundo, saldava en parte esta quiebra [...]. También pretendia dexar alli su memoria y sus huesos[6] [...]. Todos estos motivos despertaron al Cardenal para emprender un negocio ni muy de su condición, ni de sus cuydados".

   Existía cerca del lugar de Guijosa una ermita, con la advocación de Santa Agueda, en la que hacían vida contemplativa cierto número de eremitas. Determinó pues el Cardenal que fuese allí la erección del nuevo convento. Ofreció la propiedad de la ermita, las pequeñas heredades que la rodeaban y las pocas construcciones existentes a la orden de S. Jerónimo el 22 de Junio  de 1.401.[7] Mientras se acababan de perfilar los trámites administrativos, llevó al lugar a unos pocos frailes para que diera comienzo la vida conventual.

   Inmediatamente se comenzó la construcción del nuevo monasterio, un poco más abajo del lugar de la ermita, por aprovechar una fuente de agua que allí había y que aún subsiste.

   La escritura de donación de bienes para su manutención está fechada en Segovia el 2 de Septiembre de 1.402. A todos los efectos puede considerarse la cédula de fundación oficial del convento.

   Según el III Concilio de Toledo, ningún obispado tenía facultad para fundar obras monásticas y dotarlas con rentas y propiedades que supusieran más de la cincuentava[8] parte del valor patrimonial del obispado. En este documento se detallan los primeros bienes con los que empezó a dotarse al convento de Espeja. Bienes que el obispado poseía en la villa de Peñaranda y que, según la cédula, no excedían del valor máximo estipulado.

        CÉDULA DE DONACIÓN[9]

   "Donacion que hizo el Cardenal D. Pedro de Frias, Obispo de Osma, al Monasterio de Geronimos, que fundaba en Espeja, de las heredades que tenia en la Villa de Peñaranda de Duero. Su fecha en Segovia a 2 de Septiembre de 1.402. Se halla el original en el Archivo del Monasterio, y un tanto de ella en el de la Catedral. Ind. Fol. 7. Num. 10

                                          LOPERRAEZ CORVALAN

   Nos D. Pedro, por la Divina Providencia, Cardenal de Espanna, Administrador de la Eglesia, e Obispado de Osma, veyendo que todas las cosas son fallescederas de un dia a otro, e non hai cosa durable, salvo el bien que omme en el mundo face ; et especialmente en acrescentar los Divinos Oficios a servicio de Dios. Et parando  mientres en cuemo nos mandamos comenzar a facer et edificar nuevamente en el dicho nuestro Obispado, en un Logar cabe la Ermita de Santa Agueda en uno con la dicha Ermita, e casas della, que es cerca de Guijosa, en termino de Espeja, del dicho Obispado, un Monasterio, en que vivan Fraires de S. Geronimo, e fagan servicio a Dios en los Divinales Oficios, et las otras cosas seunt su orden.

   El qual Monasterio entendemos con la aiuda, e piedad de Dios, que sera acabado de aqui a breve tiempo. Et considerando que los Fraires, que agora ende estan, et los que estuvieren de aqui adelante, non deben mendicar, segunt los derechos, et la Institucion de la Orden de San Geronimo, a cuia honra, et reverencia el dicho Monesterio es fundado, et se edifica, et se acabara de edificar en breve tiempo, queriendo Dios. Por ende Nos haviendo voluntad de dotar el dicho Monesterio, et de proveer de algun mantenimiento a los dichos Fraires, con conseio, e consentimientos del Prior e Cabildo de la dicha nuestra Santa Eglesia de Osma, damos, et facemos donacion perpetua e liberal , sin condicion alguna al dicho Monesterio, et a los Fraires de la dicha orden de San Geronimo, que en el estan, e estovieren de aqui adelante, de las heredades, que nos havemos en Pennaranda, logar del dicho Obispado, ansi en tierras, et vinneas, et huertas, et prados, pastos, montes, casas, solares, et molinos, et aguas, et calces, et pozos, et fuentes, cuemo todas las otras cosas, que a Nos, et a nuestra Mesa Obispal pertenescen en el dicho Logar de Pennaranda, et en su termino: las cuales heredades valen, et rentan tanto cada anno, que non liegan a ciento, e cincuenta, ni a las doscientas partes de lo  que vale, et riende el dicho nuestro obispado; puesto que podriamos dar la cincuentena parte de lo que vale el dicho nuestro Obispado al dicho Monesterio, que ansi comenzamos nuevamente a facer, et edificamos. Et en esta donacion, que ansi facemos, el dicho nuestro Obispado, et la dicha nuestra Eglesia non resciben agravio; et si es agravio, es pequenno, considerando la valia, et renta del dicho nuestro Obispado, e la dicha donacion que facemos al dicho Monesterio, que es tan pequenna, que non vale nin riende la cient, e cincuenta parte del dicho nuestro Obispado; quanto mas, que nos habiemos acrescentado, e multiplicado tanto el dicho nuestro Obispado, et la Eglesia en mucho mayor valia, et renta, que non es la donacion de las dichas heredades, et cosas que tomamos del dicho nuestro obispado, e Eglesia, para dar al dicho Monesterio. Et con la Misericordia de Dios entendemos acrescentar, et multiplicar mas el dicho nuestro Obispado, et Eglesia. Dada en Segovia a dos dias de Setiembre, anno del Nascimiento de nuestro Sennor Iesu Christo mill, e quatrocientos, e dos annos. El Cardenal Pedro, Obispo de  Osma. Ioan Santos Ferrandez, su Secretario, e Notario, la firmo.

   Las obras de edificación prosiguieron  a un ritmo trepidante dado el interés y el potencial económico de su fundador. En una primera etapa se construyó el claustro con las celdas y una hospedería.[10]

   Se finalizaron en 1.403 y dio comienzo la vida monástica con 25 religiosos de la orden de S. Jerónimo. A partir de este momento, se agregarán al Convento las rentas de los lugares de Espeja, Orillares, la Hinojosa, Guijosa y Santo Bernat -Santovenia- que, como hemos visto en la transcripción del Libro Becerro de las Behetrías, pertenecían en parte al obispado.[11]

   Hacemos ahora un breve inciso para retomar la biografía del Cardenal Pedro Fernandez de Frías, el "Cardenal Bueno" para unos, y maldito para otros.

   Tenía D. Pedro demasiados enemigos en Castilla deseando su pronta caída en desgracia, en estos tiempos la permanencia en la poltrona no solía ser muy duradera debido a las buenas o malas artes de los contendientes políticos; las intrigas e instigaciones eran práctica habitual.

   Estando en Burgos, en presencia del rey, discutieron acaloradamente nuestro cardenal y el obispo de Segovia Don Juán de Tordesillas. Algunos escuderos del cardenal, por propia iniciativa y pensando que le complacían, propinaron una fenomenal paliza al obispo segoviano. Para toda la corte el hecho había sido instigado por D. Pedro que no halló manera de probar su inocencia. De esta forma, por este incidente, llegó la caída del cardenal y la pérdida de los favores del rey. Fue desterrado a Roma a instancias del rey Enrique III, acabando de esta forma sus días como Obispo de Osma y privado del rey.[12]

   Antes de tomar el camino del exilio, tuvo un especial recuerdo hacia el Convento de Espeja recién fundado, dejándole 50.000 florines en la fortaleza de Cabrejas del Pinar para que los frailes hicieran uso de ellos a su conveniencia.

   Enterado el rey de la existencia de esos dineros, tan ambicioso como el cardenal, se los apropió para sí mismo.[13]

   Veamos como termina la historia en palabras del sempiterno Padre Sigüenza:

   "Entendio despues (el rey) que de los florines avia hecho donacion (el  obispo) al monasterio de Espeja, y que de justicia eran suyos: ofreciose de satisfacerlos a los religiosos, porque tenian necesidad de dinero; dixoles que  pidiessen en que querian se hiziese la satisfacion; como no havian heredado la sagacidad ni la codicia del fundador, los religiosos de Espeja respondieron que ellos eran veynte y cinco, que con veynte y cinco mill maravedies de renta perpetua, para cada uno mill maravedies, quedarian satisfechos. Hizoles luego el rey merced de los tercios de Valdenebreda[14], que valian aquella suma, y el se quedo con los cinquenta mill florines, que en aquel tiempo le fueron de mucha importancia"

                    4.1.2. DESARROLLO

   Para aclarar ideas y resumir todo lo anterior diremos que el Convento de Jerónimos se funda, en precario, en 1.401; su fundación oficial es la que se refleja en la cédula de fundación: 1.402; se termina la construcción del mismo en 1.403[15]. Las propiedades y rentas de que se mantiene, en estos primeros momentos, son las donaciones de Peñaranda, las rentas de Espeja, Orillares, La Hinojosa, Guijosa y Santo Bernat y las tercias reales de Valdenebreda (SIC).

   D. Pedro de Frías murió en Florencia en el año 1.525 y, como anuncié el el capítulo anterior, sus huesos descansan en la catedral de Burgos.

   Según el Diccionario histórico-geográfico de Pascual Madoz, componían el convento dos patios cuadrados con dos órdenes de claustros y celdas, hospedería, graneros, corrales, fuente y una extensa huerta cercada -que aún subsiste- y, por supuesto, la iglesia.[16]

   Fueron bienhechores del convento los señores de la Casa de Avellaneda. Merced a su mecenazgo, el Convento de Espeja alcanzó su punto culminante de  brillantez durante los siglos XVI y XVII.

   Fue primer patrono D. Francisco de Zúñiga y Avellaneda, tercer Conde de Miranda y Virrey de Navarra. A su muerte, en 1.525, el patronazgo pasó a su  hermano Diego de Avellaneda. D. Diego fue presidente de la Real Chancillería de Valladolid y obispo de Tuy, el más señalado benefactor del convento. Antes de acceder al patronato del convento, siendo provisor del Obispado de Osma, donó al monasterio la ermita de la Virgen de Castro, en Clunia, con todas sus heredades. El convento tomó posesión de estos bienes en 1.514. D. Diego murió en 1.537, dejando en su testamento el deseo de ser enterrado en la iglesia del convento.[17]

   D. Bernardino González de Avellaneda, primo hermano del anterior, heredó el patronazgo en 1.537. Aumentó las rentas y engrandeció la iglesia. Según Loperráez, al que estamos siguiendo constantemente, edificó la capilla mayor y el presbiterio. No tenemos noticias de su enterramiento en el interior del convento.

   Otro personaje, menos conocido, de la casa de Avellaneda fue D. Bernardino de Avellaneda que, entre otras cosas, fue Capitán General de la armada española. Donó al Convento de Espeja el estandarte de la nave capitana  y otros muchos trofeos militares. Enfrente del estandarte dejó escrito lo que sigue:

   "Para memoria del Ilustre D. Bernardino de Avellaneda, caballero del abito de Calatrava, y comendador de su orden, gentil hombre de S.M., virrey de Navarra, asistente de Sevilla, capitán general de las galeras de España, y primer Conde de Castrillo".[18]

   A partir de este momento el patronazgo pasará, en línea directa, a los descendientes de los Condes de Castrillo que continuarán la misma línea de generosidad que sus antecesores. A ellos se debe la construcción de un palacete[19] adosado a la capilla mayor de la iglesia y una cripta subterránea a modo de panteón familiar:

   "A un lado y otro del presbiterio hay dos balcones dorados por donde pueden oir misa desde su cuarto los Condes de Castrillo, por estar contigüo a dicha capilla un regular palacio, que debajo de el y el presbiterio de la capilla mayor tienen boveda para los entierros de sus patronos y sus hijos, entrandose en ella por la antesacristia al rededor de la capilla mayor y en el friso de la cornisa hay escrito una memoria de letras mayusculas dadas en negro, que dice lo siguiente:

   ESTA CAPILLA Y CRUCERO DE LA REJA ADENTRO, DOTO, REEDIFICO, Y ACABO DE SUS PROPIOS BIENES EL ILUSTRE D. DIEGO DE AVELLANEDA, OBISPO DE TUY, Y PRESIDENTE DE LA REAL CHANCILLERIA DE GRANADA. SON PATRONOS UNICOS EL EXMO. SEÑOR CONDE DE CASTRILLO, VIRREY Y CAPITAN GENERAL DEL REINO DE NAVARRA, Y SUS SUCESORES PERPETUAMENTE EN SU CASA Y MAYORAZGO. ACABOSE ESTA OBRA AÑO MDCXXVIII.

   En esto Loperraez acusa una grave contradicción, o un despiste. Anteriormente afirma que Bernardino González de Avellaneda es el patrocinador de las obras de la capilla mayor y presbiterio. Según la inscripción el autor fue D. Diego de Avellaneda y así es efectivamente pues en los pies de la iglesia, en el hastial que aún permanece en pie, se puede ver el escudo del obispo D. Diego.

   En 1.788, cuando escribe Loperraez su obra, el Convento  se encuentra  intacto, engrandecido y mejorado gracias a la acción de generosos mecenas y a la consolidación que le van dando los años. De todo lo anterior se desprende que la iglesia sufrió grandes transformaciones, en varias ocasiones, con superposición de estilos y dependencias. Más adelante haremos un intento de reconstrucción artística.

   A pesar de los numerosos bienhechores, tan solo tres miembros de la casa de Avellaneda van a elegir el Convento de Espeja para el descanso eterno. Van a erguir sus sepulcros en el interior de la iglesia D. Diego de Avellaneda, ya citado; D. Diego de Avellaneda e Isabel Proaño, su esposa, que descansarán juntos y D. Lope de Avellaneda. En el segundo de los sepulcros no aparece la fecha. D. Lope falleció en 1.586.

   Durante estos años de franco apogeo muchos son los valores que emanan del convento de Jerónimos. La vida monacal se deja notar en varias áreas fundamentales: la cultura, la economía y la religión.

   De la vida cultural del convento todo hace pensar en la existencia de un taller artístico, cuya principal actividad sería la ejecución de libros cantorales miniados y vestiduras sagradas.[20] El cantoral que se produjo en el convento fue de gran tamaño, introducido en España en el siglo XV, diseñado para colocar en medio del coro apoyado en un facistol, así todos los miembros de la comunidad pueden leer la partitura. En la catedral de El Burgo de Osma se conservan buena parte de ellos.[21] En cuanto a las casullas, en las iglesias de Espeja y Guijosa se conservan algunos ternos de maravillosa factura.

   Además de la actividad artística, otra función primordial era la administración de los bienes y rentas, el trabajo en las propiedades, la gestión de los arrendamientos.... en resumen la gestión empresarial propia de un establecimiento agropecuario de gran entidad. Es de suponer la existencia de fuertes lazos de dependencia mutua entre la propia comunidad de religiosos y las poblaciones comarcanas; en primer lugar por las relaciones económicas  digamos "libres" tales como el comercio, la contratación ...; por otra parte la dependencia subsidiaria de esa misma población hacia una institución religiosa con ciertas características de señorío jurisdiccional: cobros de rentas, administración directa de ciertos montes y terrenos hoy en día comunales etc... Todos estos aspectos están aún por estudiar.

   La circunstancia, no obstante, más fácilmente perceptible es la propiamente religiosa. Entre los frailes encontramos confesores de obispos, consejeros de nobles, albaceas...

   Otro aspecto fundamental relativo al flujo religioso es la certeza del empleo de los frailes como párrocos titulares de los pueblos vecinos. Desde su fundación hasta su caída, los curas párrocos de Espeja, Orillares, San Asenjo, La Hinojosa y Guijosa fueron frailes profesos del Convento.

   Nada sabemos del comportamiento humano de los frailes, ni de las relaciones personales con las comunidades campesinas. Averiguarlo resulta un ejercicio imposible si no disponemos de una investigación concienzuda que hoy por hoy no existe; no obstante contamos con un testimonio del Padre Sigüenza[22]alabando las virtudes y limosnas del Convento:

   "Haze mucha limosna la casa a los pobres de aquella tierra, que es gente  necessitada, y el suelo tan esteril, y si no fuese por la gran piedad del Convento, que casi los sustenta, passarian gran miseria, y hambre, y aunque al convento no le sobra, para hacer limosna no falta".

   El padre Sigüenza, como todos ya sabemos, es un jerónimo; en esa alabanza a la caridad del Convento apreciamos mucha exageración tendente a alimentar la idea de una comunidad solidaria con la población. Maticemos; no puede considerarse una comarca pobre y miserable cuando, apenas cincuenta años despues, Espeja va a conseguir el título de villa a cambio de mil cuatrocientos ducados. Evidentemente en aquella época y en aquella zona, como en todas las del mundo, habría un cierto número de indigentes, enfermos, huérfanos, viudas y marginados de toda índole necesitados de caridad, pero no se puede generalizar toda vez que, además, se cometería un error flagrante. Sí es cierto que Espeja, por su propia posición, estaba rodeada de zonas de una pobreza endémica; al Norte de la sierra de Costalago y su prolongación se abrían unos territorios con escasos recursos económicos por falta de tierra y dureza climática. Espeja, en un balcón que mira a la ribera, sin ser de natural rica en recursos y rendimientos, siempre dispuso de unos cientos de hectáreas que sembrar, regulares pastos para el ganado y leña suficiente para el invierno. Quiero decir que no creo que faltara, en cada casa, un trozo de pan y un pinazo.

   A finales del Siglo XVIII el Convento mantiene intacta su plena actividad, sin embargo, ha iniciado ya su decadencia. Esta decadencia no es muy fácil de explicar, más bien parece ser el resultado de un retroceso espontáneo de la orden, o quizás hubo otro tipo de problemas más de orden local e incluso, también es posible, que la lejanía de los centros clásicos de actividad propiciara su propia caída de forma lenta y ralentizada; en este caso la caída del Convento habría que interpretarla dentro de un contexto más general como de una decadencia de toda la comarca de influencia.

   Dejando atrás posibles hipótesis, lo cierto es que cuando escribe Loperraez -1.788-, en el Convento hay tan solo 16 religiosos y, pocos años más tarde, en 1.821, aparece clausurado a todos los efectos aunque mantiene en las cinco parroquias sendos frailes profesos del Convento como curas párrocos.[23]

   Según Núñez Marqués, que recoge el apunte en la obra "Guía de la catedral de El Burgo", los frailes abandonaron el convento en 1.809 aunque no señala la procedencia del dato. En 1.820 el cabildo de la catedral solicitó formalmente los cantorales, alhajas, imágenes y demás objetos de valor que aún se hallaban en el interior de la iglesia.[24]

   En 1.821, aparece como cura párroco de Espeja, Fray Nicanor Catabrana.[25]

4.1.3. DECLIVE Y ABANDONO. LA DESAMORTIZACIÓN.

    Uno de los trabajos más concienzudos sobre el Convento de Espeja se debe a D. Florentino Zamora Lucas, publicado en 1.956 en Celtiberia con el título "La desamortización en la provincia de Soria. El monasterio de Espeja desaparecido en nuestros días". El estudio profundiza, más que nada, en los aspectos relativos al proceso desamortizador. Muy bien documentado, aporta un magnífico inventario de los bienes del Convento en sus últimos años. Más adelante lo transcribimos en su integridad.

   La desamortización es un fenómeno político-religioso y, sobre todo, económico ocurrido en España en la primera mitad del Siglo XIX. Proyecto que emanó de las Cortes de Cádiz de 1.812, y que va a ser bandera y paradigma del sector liberal durante casi 30 años.

   Reinando Fernando VII se produce el llamado Trienio Liberal en el que gobiernan los liberales a causa del Pronunciamiento de Riego, ocurrido en Cabezas de san Juán en 1.820. Este mismo año se publica el Decreto suprimiendo todas las órdenes religiosas -primer paso para la expropiación de bienes-. El Decreto no se llega a aplicar por la vuelta al gobierno de los absolutistas después del triste episodio de la invasión de los 100.000 hijos de San Luis en el año 1.823. De 1.823 a 1.833, en que muere Fernando VII, los absolutistas gobiernan con enconado despotismo ejerciendo una brutal represión de todos los sectores liberales, esos diez años han pasado a la historia como la "década ominosa". Ya con Isabel II, regente Mª Cristina, a partir de 1.833, se vuelve a retomar con más fuerza el proceso desamortizador iniciado en 1.820.[1]

   El 29 de Junio de 1.837 se aprueba definitivamente el Decreto que extingue monasterios, conventos y congregaciones de toda índole. Años antes habían empezado los primeros escarceos expropiadores. El fin mismo de la desamortización era poner en circulación un impresionante volumen de patrimonio inmueble y pecuario que, a lo largo de siglos, había ido acumulándose en manos del clero fruto de donaciones, herencias, transacciones, apropiaciones ... y que ahora se encontraba retenido y mal aprovechado.

   La idea de los jerarcas políticos, obsesionados por las teorías fisiócratas y deseando emprender una reforma agraria, era la expropiación y posterior subasta pública de esos bienes para que, en teoría, revirtieran al pueblo en pequeños lotes que serían mejor atendidos, mejor explotados, aumentados los rendimientos y los trabajos. Se trataba, en resumen, de conseguir la explotación de todos los bienes retenidos matando de un sólo tiro el pájaro de la eterna aspiración liberal, del inicio de una incipiente reforma agraria y del relanzamiento de la economía[2] a través de la agricultura.

   Este gran plan que fue la desamortización constituyó una fenomenal chapuza no exenta de grandes dosis de corruptela y amiguismo por parte de las autoridades provinciales encargadas de poner en marcha el proceso. Los bienes expropiados, lejos de acabar en manos de pequeños agricultores, pasaron al dominio de grandes terrateniente, burgueses de capital y arrendadores absentistas que eran los mejor situados económicamente y quienes, por cantidad de dividendo, acudían sin falta a las subastas. De esta forma los bienes pasaron de manos privilegiadas a otras iguales que también van a tenerlas de capricho y no van a invertir en mejoras para la explotación.

   La expropiación vino precedida por un trámite "legal" por el cual se exigía a los obispos de cada diócesis los inventarios de los bienes contenidos en los conventos. El primer inventario del Convento de Espeja, pues se hicieron dos, data del 24 de Enero de 1.821; se hizo a petición de Fray Manuel Gil, comisionado por el Obispo de Osma para recibir y responsabilizarse de los bienes. Se hizo en presencia de Fray Nicanor Cantabrana, hasta entonces párroco de Espeja, y del alcalde constitucional de la villa, Tomás Llorente.[3]

   El segundo inventario es del 4 de Diciembre de 1.835 y lleva solamente  la firma de Fray Francisco Muro, párroco de Guijosa.

   El trabajo de D. Florentino aporta también dos oficios del párroco de Espeja en el que da cuenta de un episodio ocurrido  esos años en relación a los temas que estamos tratando. Ese episodio que más tarde vamos a transcribir va a ser el origen de una "leyenda negra" en relación al abandono del convento, que va a circular de boca en boca hasta nuestros días alimentando el morbo de los lugareños.

   En ambos oficios, el primero de 15 de Diciembre de 1.835 y el segundo de 7 de Febrero de 1.837, se da cuenta al Señor Deán y Gobernador eclesiástico del Obispado de Osma, D. Matías Naharro de un hecho ocurrido días antes de la primera fecha en el Convento de Espeja. Según se desprende de la carta firmada por Francisco Muro, párroco de Guijosa[4], pasó por allí un comandante con 30 hombres a caballo, llevándose la cruz de plata y retenido como preso a D. Ángel Ruiz, último prior del Convento que residía en él por orden de la subdelegación de Amortización. Como quiera que la autoridad eclesiástica le debió solicitar más aclaraciones al párroco, éste les escribe de nuevo dos meses después.

OFICIOS DEL CURA DE GUIJOSA

     Primer oficio. 15-XII-1.836

    Señor Deán, y Gobernador Eclesiástico de este Obispado de Osma: D. Matías Naharro de toda mi estimación y respeto.

    El Día trece del actual se presentaron en el Monasterio extinguido de San Gerónimo de Espeja (según me ha informado D. Ángel Ruiz, último prior del dicho, y que allí reside con aprobación del Gobierno) treinta soldados con un comandante y que este le pidió el inventario de las alhajas de la iglesia, y habiendole contestado D. Ángel, que le tenía el Cura de Guijosa, me le envió a pedir, y que me presentara; mas yo se lo envié con el mayordomo de mi parroquia diciéndole que yo no podía presentarme, por estar lloviendo, haber malos caminos, y tener sesenta años de edad.

    Se llevó preso hasta Huerta de rey al dicho D. Ángel Ruiz y la cruz de plata, y el inventario. Yo ya nada puedo decir de lo ocurrido, porque nada he presenciado.

     Tenga Vuestra Merced la bondad de avisarme, de lo que debo hacer para no caer en falta. D. Ángel da parte de esta ocurrencia al Sr. Comandante de armas de esta villa.

   Dios guarde a V. muchos años que le desea su afectísimo amigo y respetuoso súbdito.

     Que besa su mano. - Francisco Muro.- Firmado y Rubricado.

Guijosa y diciembre 15 de 1.836

    Señor Gobernador eclesiástico D. Matías Naharro.

    Segundo oficio. 7-II-1.937.

     En contestación al oficio de V. S. del quatro del que rige, digo y repito, que yo nada vi, ni presencié, pero que D. Ángel Ruiz, Presbítero, Monge exclaustrado del suprimido Monasterio de san Gerónimo de Espeja, que reside en el referido monasterio de orden de la Subdelegación de Amortización me ha comunicado lo siguiente:

     Que mientras toda la facción de Gomez estaba pasando por detras del Monasterio un comandante que dijo ser el secretario del dicho Gomez, con unos cuarenta hombres de a caballo se presentó en el referido Monasterio, pidiendo se le manifestasen todas las alhajas y ropas pertenecientes al culto, y su inventario, y todo lo vio, llevándose la cruz de plata y al referido D. Ángel hasta Huerta de Rey, al que dio libertad al día siguiente para volver a su casa.

     Luego pues que regreso. yo el infrascrito di parte a V.S. de esta ocurrencia por escrito que llevó D. Martin Guinea, que a la sazon se hallaba presente. Este mismo llevo otro oficio del dicho D. Ángel Ruiz para el Comandante de El Burgo, y dice D. Ángel que no le ha contestado. Igualmente envió otro oficio al Subdelegado de Amortizacion en Aranda de Duero, y dice tampoco le ha contestado.

     Las ropas pertenecientes al culto estan y ocupan los mismos cajones de la sacristía que siempre han ocupado; y las alhajas de plata en los armarios de dicha sacristía en donde siempre han estado.

     Me es imposible darles su valor aproximado, pues carezco de todo conocimiento en la materia.

     Remito por separado el valor, digo el peso que tienen dichas alhajas; pero el peso de la cruz que se llevaron,[5] lo ignoro, como tambien lo ignoran a quienes he preguntado.

     Dios guarde a V.S. Muchos años.

    Guijosa y Febrero de 1.837. Besa la mano de vuestra señoría. Francisco Muro.

        Señor Gobernador del Obispado D. Matías Naharro.

     La leyenda negra a que me he referido anteriormente esta basada, de alguna forma, en los hechos verídicos que acabamos de relatar pero bastante apañada con abundantes dosis de mala leche. Yo la he oído contar como cierta hace años y, antes de seguir con el asunto, me permito un breve inciso que viene a colación, referente a la validez de las tradiciones orales. Siempre he defendido la investigación apoyada en relatos que aporta la tradición, siempre me ha parecido conveniente la atención a las historias que cuentas los abueletes; pero tengo que aclarar que la validez de esos recursos resulta interesante en tanto en cuanto nos pueden servir como punto de partida a algo que debe ser mirado con lupa y depurado de todos los adornos, imprecisiones e invenciones de carácter legendario y, en ocasiones, cáustico. La siguiente versión de los hechos que voy a tratar de glosar según la memoria me da a entender, es un buen ejemplo de los peligros que, a veces, entrañan las tradiciones populares.

     Dice esta tradición que los frailes del convento habían desembocado, con el paso de los años, en un modo de vida bastante licencioso; la dureza de la vida conventual requería, en ocasiones, momentos de asueto y placer que la hicieran más llevadera. Cuentan los cronicones que estos siervos de Dios, abusando del poder sobre las conciencias de los pobres aldeanos, conseguían convencer a los padres de las muchachas comarcanas para que las dejaran asistir al recinto del convento a tomar lecciones de gramática o simplemente a ayudar en las tareas diarias. No tardaron en comenzar los abusos sobre las pobres muchachas que no podían negarse a los requerimientos sexuales de la comunidad. Según parece los pobladores de la comarca conocían y, en silencio, permitían tamaños desaguisados sin valor para oponerse dado el poder del convento. El asunto terminó cuando, con bastante falta de prudencia, los frailes quisieron obtener los favores de una determinada damisela sin enterarse que su padre ausente era un militar de alta graduación que se encontraba en campaña; cuando este hombre regresó y se enteró del intento de abuso decidió dar un escarmiento a los corrompidos frailes.

     El mismo día que nació el "Tío Bernabas"[6] se presentó este militar en el Convento de Espeja acompañado de 30 ó 40 de sus hombres a caballo; descabalgando, hizo a su tropa la prevención de que si no salía de ese recinto en un lapso prudencial de tiempo entraran a saco a buscarle arrasando todo lo  que se les pusiera por delante. Dicen, los que saben, que este padre ofendido apaleó sin desmayo a toda persona con falda que se encontró por allí y cuando acabó, agotado del ejercicio, concedió a los frailes unas pocas horas para recoger sus pertenencias y desaparecer de aquellas tierras.

   Termina el relato diciendo que al amanecer del día siguiente, cuando las beatas del lugar se dirigieron a los oficios, no encontraron a nadie en el convento. Los frailes habían huído al amparo de la noche ocultando, de esta forma, su vergüenza y deshonor.

   Y, de esta curiosa forma, inventó la tradición popular el fin del convento de Jerónimos de Espeja. Sin comentarios.

   Ahora vamos a continuar con el verdadero relato que ha dado lugar a la fantasía anterior.

   Para el lector profano es menester aclarar algunos aspectos históricos sin los cuales difícilmente se puede entender este episodio. En 1.833 muere Fernando VII, previamente había abolido de "motu propio" la Ley Sálica que impedía reinar a las mujeres en España. Si no se hubiera producido este hecho, los derechos sucesorios hubieran recaído en el hermano de Fernando, D. Carlos, y no en Isabel, hija legítima del rey difunto. España se dividió en dos mitades, una partidaria de D. Carlos, caracterizada por unos ideales absolutistas y tradicionales, y otra favorable a la reina Isabel, de carácter liberal y progresista. En realidad lo que se produce es la sublevación del infante D. Carlos al que le siguen numerosos partidarios, levantándose en armas contra la reina recién proclamada en un intento de acceder al trono por la vía de la guerra. El movimiento carlista se va a producir fundamentalmente en el norte de España; País Vasco y Navarra van a ser los abanderados de este intento de vuelta a la tradición al grito de "Dios, Patria y Fueros", uniendo  ciertas reivindicaciones de tipo local a la gran meta de todos que es coronar en el trono de España a D. Carlos y, de rebote a todos los elementos conservadores.

   Este enfrentamiento de carácter civil se conocerá como Guerra Carlista y se va a desarrollar en tres etapas diferente; nos interesa la primera de ellas que tiene lugar entre 1.833 y 1.839 llamada Primera Guerra Carlista.

   El episodio que se narra se produce en plena 1ª Guerra Carlista y, no hace falta ser muy avispado para comprender que la "facción de Gómez" es una columna isabelina-liberal que, seguramente, cruza por territorios del Convento en dirección a alguna campaña norteña. El bando liberal está plenamente identificado con las ideas desamortizadoras y por propia iniciativa van a penetrar en el convento reclamando el inventario de bienes; la animadversión hacia el clero es algo patente pues, los propios bandos enfrentados, van a canalizar también sus aspiraciones a través del apoyo de unos y el rechazo de otros a todo lo que huela a incienso.

   De todo lo anterior se desprenden dos ideas fundamentales. En primer lugar, que ahora se inicia el abandono definitivo del convento; en segundo lugar, que este abandono era ya un hecho constatable en los años en que nos movemos -1.836-. En esta fecha la vida monástica esta, a todos los efectos, saldada y tan solo permanecen, por obligación, algunos custodios representados por los curas de Espeja y Guijosa, antiguos frailes profesos, y el último prior: D. Ángel Ruiz.

   La revisión del inventario nos ofrece una gran cantidad de objetos de arte y culto; es de suponer que el expolio se hubiera iniciado ya por esas fechas; así pues, la lectura cuantitativa de esos objetos debe hacerse teniendo en cuenta esos extremos. De todas formas, para mejor conocer la envergadura artística del convento, ofrecemos a continuación la relación detallada y sucinta de bienes, recogida por el profesor Zamora Lucas.

        INVENTARIO DE 1.821

     En cumplimiento del oficio del Sr. Eugenio Avinareta, Administrador del crédito público del partido de Aranda, fecha diez y ocho de enero de mil ochocientos veinte y uno pasó el Sr. Alcalde constitucional de la villa de Espeja Tomás Llorente al Monasterio de San Gerónimo de dicha jurisdicción a efecto de hacer formal entrega de los vasos sagrados, ornamentos, imágenes y demás pertenecientes al culto al R. P. Fray Manuel Gil encargado por el ilustrísimo Señor Obispo de esta Diócesis para recibirlo, y custodiarlo en su nombre y representación; y dicho P. Comisionado mediante no haber acompañado al Sr. Avinareta el inventario que de orden del gobierno se ha hecho de dichos objetos pidió que, con toda especificación, se hiciese uno del que pudiera salir responsable y se verificó en la forma siguiente:

 CRUCERO, ALTAR MAYOR

    Primeramente se le hizo entrega de la Yglesia en que se contienen el altar mayor, con un tabernáculo bueno, dorado, dentro del cual hay un copón (en que se reserva el Santísimo) y es de plata.

- Iten una imagen grande de Nuestra Señora de la Asunción.

- Iten cuatro cuadros o medallas grandes, que representan varios misterios de Nuestra Señora.

- Iten una imagen grande de bulto de un Santo Cristo, y otra de nuestro Padre san Gerónimo, puesto de rodillas.

- Iten dos mesas de credencias.

- Iten dos balaustrados de hierro en el presviterio.

- Iten una lámpara de oja de lata labrada y grande.

- Iten un altar colateral al lado del Evangelio en el crucero de la Iglesia, con un cuadro grande de Nuestro Padre san Gerónimo.

- Iten otro cuadro de San José al remate.

- Iten en la peana de dicho altar hay una urna de cristal en que se contienen las reliquias del glorioso san Marcelino.

- Iten otro colateral al lado de la Epístola con un cuadro grande de Nuestra Señora, San Juan Evangelista y Santa Catalina.

- Iten un cuadro pequeño de santa Teresa al remate.

- Iten en la peana de dicho altar hay un arca labrada de varios metales, que contiene las reliquias del martir San Diódoro.

 CUERPO DE LA IGLESIA

          - Iten cuatro altares en el cuerpo de la Iglesia el uno de San Rafael, ambos de bulto, otro de la Visitación de Nuestra señora y el otro de Santa Catalina, estos dos en cuadros pequeños.

- Iten un enrejado grande de hierro que divide la Iglesia del crucero.

- Iten un púlpito con el pie de jaspe bien labrado enrejado de hierro  dorado con un guardavoz de talla bien trabajado y dorado.

- Iten cuatro confesionarios en el cuerpo de la Iglesia, y uno en la capilla de San Marcelino.

- Iten otro cuadro grande con marco de Nuestra señora de la Asunción sobre la puerta de la sacristía.

- Iten un sepulcro al lado del Evangelio del altar mayor con una efigie del Señor Obispo D. Diego de Avellaneda todo de alabastro.

- Iten otro sepulcro en la capilla de san Marcelino de jaspe y alabastro en que yace D. Lope de Avellaneda.

- Iten otro sepulcro en la capilla de Santa Catalina de alabastro y jaspe con una estatua del Caballero D. Diego De Avellaneda.

- Iten dos enrrejados grandes de hierro uno al lado del Evangelio y el otro al lado de la Epístola, que sirvieron de tribunas.  

 SACRISTÍA

    Primeramente un altar en la capilla que se dice de Santo Eccehomo por estar en él su Santa imagen, sumamente devota colocada, entre cristales y en dicho altar hay un Santo Cristo de bulto por remate.

- Iten en dicha capilla hay una estatua pequeña de San Sebastián; otra de Santa Agueda, y ocho cornucopias doradas con sus cristales.

- Iten un cuadro pequeño con marco de San Lorenzo.

- Iten otro pequeño sin marco de San Esteban.

- Iten un altar con una estatua grande del Santo Cristo con su cortina, dos cornucopias, dos espejos grandes, dos gradillas y u tabernáculo.

- Iten una urna pequeña dorada con una imagen de San José.

- Iten cuatro cuadros, dos embutidos en la pared, uno pequeño con marco común y el otro grande con marco dorado.

- Iten un altar de talla dorado con un cuadro grande de Nuestro Padre San Gerónimo.

- Iten por el interior de dicho altar hay una cruz grande de ébano con un santo Cristo de marfil.

- Iten dos medios cuerpos de las once mil vírgenes con sus reliquias.

- Iten dos medios brazos con reliquias de los santos mártires de Agreda.

- Iten otro altar de la coronación de espinas del salvador en un cuadro grande.

- Iten dentro de dicho altar hay una cruz grande de ébano en que estan embutidas varias reliquias y le falta el remate del brazo izquierdo.

- Iten dos medios brazos cada uno con sus reliquias.

- Iten dos adornos de bronces para reliquias.

- Iten en el cuerpo de la sacristía dos urnas con sus cristales en la una hay una estatua de N.P.S. Gerónimo, y en la otra un Niño Jesús.

- Iten una cajonería nueva de nogal con seis cajones grandes, un niño en el medio, y por remate un Santo Cristo con adorno de talla dorado.

- Iten otra cajonería buena de nogal con quince cajones su resplandor y remate de la misma madera con un niño de bulto en medio.

- Iten una papelera de nogal para guardar cálices, amitos y otros menesteres pertenecientes al culto divino, con veinticuatro cajones pequeños y tres medianos.

- Iten un confesionario y un espejo pequeño.

- Iten siete cuadros incluidos dos que hay en el lavatorio.

- Iten una cruz de madera negra con la manzana, u guarnición de bronce.

- Iten dos ciriales de bronce.

- Iten un calderillo de bronce con su aspersorio de lo mismo.

- Iten un incensario y naveta de bronce.

- Iten un banco grande de nogal con respaldo y dos cajones.

- Iten dos alacenas de con sus puertas y cerraduras.

- Iten un Jesús Nazareno de bulto pequeño.

- Iten dos urnas de cristal, y una peana pequeña dorada.

- Iten un viril con la peana de plata en que se hallan embutidas varias piezas de ámbar y algunas le faltan.

- Iten un cofrecillo pequeño de marfil.

- Iten una cajita de plata afiligranada, y dorada por dentro.

- Iten un cáliz de plata dorado con su patena.

- Iten cuatro cálices de bronce con la copa de plata y sus patenas.

- Iten cinco platillos de peltre.

- Iten cinco pares de vinajeras pequeñas de plata.

- Iten una ampolla de plata con el óleo de la Santa Unción.

- Iten veinte y seis paños de cálices.

- Iten veinticuatro bolsas de corporales, cada una con los suyos.

- Iten veintidós cornualtares.

- Iten cuarenta purificadores.

- Iten ocho amitos, los tres con cintas.

- Iten tres cruces de ébano con sus crucifijos.

- Iten seis candeleros de ébano.

- Iten una sacra, y Evanjelio de ébano.

- Iten seis candeleros grandes de bronce.

- Iten una cruz grande de bronce con su crucifijo.

- Iten una sacra grande para el altar mayor.

- Iten diez candeleros pequeños de bronce y dos de estaño.

- Iten seis cruces de bronce con sus crucifijos.

- Iten siete misales con sus atriles.

- Iten nueve aras que estan e los altares.

- Iten seis sacras comunes en seis altares.

- Iten cuatro bancos de respaldo de pino en la Iglesia.

- Iten un candelero para el cirio.

- Iten otro triangulado para tinieblas.

- Iten cuatro gradillas para el monumento.

- Iten veinte ramos pequeños y cuatro grandes.

 ROPA BLANCA

            - Iten dieciseis sabanillas para los altares y credencias.

- Iten ventinueve albas de lino algunas, y otras de erca buenas.

- Iten trece roquetes incluidos los de los chicos.

- Iten diez cíngulos.

- Iten tres almoadones.

- Iten una muceta para administrar.

 TERNOS

            - Iten un terno blanco de flores con su capa y azaleja de lo mismo.

- Iten dieciseis frontales sin marco de varios colores.

- Iten un terno de tarco blanco con capa de lo mismo.

- Iten un terno encarnado bueno y uno y una capa de brocado con aceleja.

- Iten cuatro casullas encarnadas de media seda.

- Iten un terno morado con su capa.

- Iten otro morado con sus planetas.

- Iten cuatro casullas moradas.

- Iten un terno de lama con capa y azaleja de lo mismo.

- Iten cuatro casullas tambien de lama.

- Iten un terno de damasco verde con capa de lo mismo.

- Iten cuatro casullas verdes de damasco.

- Iten otro terno verde de terciopelo con capa de lo mismo.

- Iten cuatro casullas blancas de media seda.

- Iten un terno blanco de media seda a medio andar con su capa.

- Iten otro terno blanco de damasco con capa de lo mismo.

- Iten un terno bueno dorado de hilo de seda, plata y oro, y paño de cáliz.

- Iten una bordada de lo mismo más andada.

- Iten otra casulla blanca bordada de seda.

- Iten un terno encarnado comun de damasco, y dos capas viejas de lo mismo.

- Iten un terno encarnado de pana con capa y la fenefa de brocado.

- Iten otro terno de terciopelo encarnado con su capa de lo mismo.

- Iten otro terno que se dice de San Marcelino con capa, frontal y paño de púlpito.

- Iten cinco casullas blancas comunes.

- Iten cinco casullas encarnadas comunes.

- Iten cuatro casullas negras de damas con dos dalmáticas, y capa de lo mismo.

- Iten otra capa vieja negra de damasco.

- Iten dos capas negras viejas de terciopelo.

- Iten un paño bueno encarnado de medio tisú.

- Iten un palio de seda con fenefa de terciopelo encarnado.

- Iten cuatro cortinas grandes de tafetán encarnado por el monumento.

- Iten dos alfombras, una grande y buena, y otra pequeña y mala.

- Iten dos paños de tumba, el uno grande de terciopelo con escudos de plata y el otro pequeño de tisú.

 EN EL CORO

    Primeramente una sillería buena de nogal que tiene treinta sillas por bajo y cuarenta y tres por alto con un remate de diversas figuras, al testero tiene un Santo Ecce Homo pintado en lienzo.

- Iten un facistol grande de nogal en medio del coro con cuatro caras y un Santo Cristo por remate.

- Iten un estante grande que sirve para guardar los libros del coro.

- Iten treinta y tres libros cantorales buenos y en pergamino todos.

- Iten un órgano grande con caja de talla dorada y jaspeada.

- Iten otra caja vieja dorada que fue de órgano.

- Iten una rueda con diez campanillas.

- Iten dos breviarios grandes y viejos.

- Iten un libro para la calenda.

- Iten una lucerna grande con dos mecheros.

- Iten otra lucerna pequeña de oja de lata.

- Iten dos facistoles pequeños.

- Iten un calderillo pequeño de bronce con sus aspersorios de lo mismo.

- Iten un balaustrado de hierro con unas bolas de bronce y en la de en medio hay una cruz también de bronce.

 CAPILLA DEL SANTO ECCE HOMO DEL CAPITULO

 Primeramente un altar con la efigie del Santo Eccehomo.

- Iten seis blandones de madera plateados.

- Iten dos faroles grandes con sus varas.

- Iten dos gradillas pintadas.

- Iten una urna grande dorada que sirve para el monumento.

- Iten unas andas de madera dorada para San Marcelino.

- Iten catorce cuadros, todos con su marco, dos grandes, cuatro medianos, y los seis restantes más pequeños.

- Iten cuatro bancos de respaldo de pino viejos y malos.

- Iten nueve frontales con marcos de varios colores.

- Iten tres campanas grandes en la espadaña de la Iglesia.

- Iten seis campanillas para tocar en las misas rezadas.

    En esta forma se concluyó este inventario sin que el Padre Fray Nicanor Cantabrana encargado que estaba de lo perteneciente a la Iglesia, Sacristía y demás perteneciente al culto divino haya manifestado ni entregado más de lo que en este inventario se contiene y lo mismo de que se dio  por entregado el R. P. Fray Manuel Gil como representante en virtud de comisión del ilustrísimo Sr. Obispo a quien principalmente corresponde entregarse de dichas alhajas por el artículo 29 de la ley de 25 de Octubre sobre reformas de regulares, y para que así conste, lo firmó dicho señor Alcalde y los predichos PP. Fray Nicanor y Fray Manuel Gil, de lo que yo el infrascrito fiel de fechos certifico y doy fe en cuanto puedo en san Gerónimo de Espeja y enero 24 de 1.821.

           Tomás Llorente. == Firmado y Rubricado.

Fray Manuel Gil. == Firmado y Rubricado.

Fray Nicanor Cantabrana. == Firmado y Rubricado.

Como fiel de fechos. == Domingo Ortega. == Firmado y Rubricado.

    Vemos que se trata de un inventario realizado con todo escrúpulo. En él se contienen tanto obras de gran envergadura artística como objetos menores de escaso o nulo valor.

    El inventario del 4 de Diciembre de 1.835 es prácticamente igual al anteriormente transcrito, aporta algunas variantes pero de escasa relevancia, obviamos, por tanto, su relación.

    Este fue el principio del fin del desmantelamiento físico del convento. Poco tiempo después de los hechos relacionados, empezaron a desperdigarse por las parroquias cercanas algunos objetos e imágenes [7]. En los libros de carta-cuenta de la parroquial de Espeja hay una anotación de 1.846 en la que se pagan seis reales por colgar los cuadros del Convento, ese mismo año queda constancia del traslado de "los santos del convento".

   En la iglesia de Espeja se conservan, por citar algunos ejemplos, la urna con las reliquias de San Marcelino; un terno de damasco negro con bordados de oro; el cuadro de Ntra. Sra. de la Antigua que se halla encima de la puerta de la sacristía o el lienzo de la Inmaculada enfrente del anterior.

     En la parroquial de Guijosa está la arqueta de pasta y plata con los restos de san Diódoro; una cruz relicario de madera; un juego de candelabros; imagen de San Jerónimo ...

   En Orillares podemos contemplar dos bustos relicarios; un Cristo; retablo de las once mil vírgenes ....

   En La Hinojosa está instalada una de las antiguas cajonerías de nogal que estuvo ubicada en la sacristía del convento.

   Es decir, todos aquellos objetos transportables fueron sacados y repartidos por diferentes iglesias. Algunos de ellos, afortunadamente, se quedaron por las proximidades y, hoy en día, pueden ser admirados y disfrutados aunque sea fuera de su primitiva ubicación. La gran mayoría de los otros tesoros salieron con rumbo desconocido, fruto de especulaciones, ventas, compensaciones y negocios varios.

   El paso siguiente, de las diferentes etapas de la desamortización, fue la enajenación y posterior subasta de fincas y tierras. El Boletín Oficial de Soria del 5 de abril de 1.843 publicaba el anuncio de subasta y tasación de los bienes del convento. Las tierras se fijaron en 32.000 reales de salida. El 13 de mayo de ese mismo año fueron adjudicados la mayor parte de las fincas a D. Juán José Vicente , vecino de Madrid, por 102.100 reales de vellón; el lote estaba compuesto por las fincas rústicas, la cerca, el palomar y la huerta.[8] No habiendo satisfecho el importe en el plazo señalado, los bienes fueron traspasados a D. Ignacio Martín Díez en 73.183 reales y 22 maravedíes.

   El edificio de la iglesia, que estaba tasado en 379.730 reales, fue cedido por la reina Isabel a la Comisión de Monumentos de Soria en 1.847.[9]

   Existe un trabajo aún más completo que el anterior relativo a la desamortización en sentido estricto; me refiero a "Las desamortizaciones de Mendizabal y Madoz en Soria" obra de Rosa Ortega Canadell; en él recoge listados muy completos de todas las propiedades y rentas que fueron subastadas en Soria durante los dos períodos principales del fenómeno. Para nosotros es muy interesante pues podemos conocer una gran parte del poderío económico del Convento de Espeja hasta su desaparición.

   Vamos a robarle una serie de datos a la Sra. Canadell relativos a las subastas, ordenadas cronológicamente, y con consignación del precio de salida y remate; más adelante examinaremos el perfil de los principales compradores, algunos de ellos ya citados por Zamora Lucas.

  FINCAS Y CENSOS[10] DEL MONASTERIO DE ESPEJA SUBASTADOS ENTRE 1.843-1.849.

 - 1.843: 126 fanegas de tierra fuera de la cerca del monasterio, tasadas en 30.040 reales. En remate 102.000 reales.

 - 1.844: Un cercado unido al monasterio con 228 frutales y un palomar y un casillo, todo con 72 fanegas y 4 celemines, tasado en 72.900 reales. En remate 263.000 reales.

   - Una dehesa de pasto y labor en Espejón, 178 fanegas, tasada en 66.750 reales. En remate 124.000 reales.

- 1.845: 130 heredades en Rejas de Ucero, 34 fanegas y 5 celemines, tasadas en 5.520 reales. En remate 5.520 reales.

   - 10 heredades en Guijosa, 64 fanegas y 6 celemines, tasadas en 29.125 reales. En remate 60.000 reales.

   - 14 heredades en Espeja, 36 fanegas y 2 celemines, tasadas  en 25.186 reales. En remate 75.000 reales.

   - Un molino harinero contiguo al monasterio, tasado en 13.640 reales. En remate 35.000 reales.

   - 14 heredades en Orillares, 46 fanegas y 11 celemines, tasadas en 14.202 reales. En remate 14.202 reales.

   - 15 heredades en La Hinojosa, 12 fanegas y 7 celemines, tasadas en 11.593 reales. En remate 11.593 reales.

  - 1.849: Un censo que paga el concejo del pueblo de Villálbaro con un rédito anual de 35 fanegas de trigo y 35 de cebada, tasado en 107.330 reales. En remate 160.000 reales.

   - Un censo sobre un molino de dos piedras en Guijosa con un rédito anual de 25 fanegas de trigo, tasado en 47.066 reales. En remate 48.000 reales.

 COMPRADORES CON RELACIÓN DE FINCAS ADQUIRIDAS.

    1. Ignacio Martín Díez: Natural de Madrid. Adquirió cinco fincas rústicas (10 heredades en Guijosa; 14 en Espeja; un molino harinero en Espeja; 14 heredades en Orillares y 15 heredades en La Hinojosa) y el censo del pueblo de Villálbaro. Todo ello valorado en 355.795 reales y una extensión de 102 hectáreas.

     2. Manuel Pascual Vela: Natural de Madrid. Adquirió una dehesa en Espejón. Valorada en 124.000 reales y una extensión de 114 hectáreas.

     3. Juán José Vicente: Vecino de Madrid. Adquirió 2 fincas (una fuera de la cerca del Convento y el cercado con frutales) y un censo sobre un molino harinero. Todo ello valorado en 413.000 reales.

     Una vez vaciado de objetos artísticos, subastados las tierras y abandonado completamente a su suerte, se inicia el desmoronamiento físico del ex-convento de Jerónimos de Espeja. La Comisión de Monumentos, ya citada anteriormente, anuncia en el Boletín Oficial del 11 de septiembre de 1.854 la "enajenación de escombros del derruido monasterio de Espeja".

     Entiendo que para esa fecha, 1.854, tan solo queda en pie la iglesia, que aún conserva los sepulcros y buena parte de los objetos de culto así como algunos retablos e imágenes.

     El Convento de Espeja es, a partir de estas fechas, una presa codiciada para todo tipo de expoliadores, bandas de maleantes, desaprensivos y aprovechados de toda condición. El estado ruinoso y la falta de vigilancia lo convierten, además, en un objetivo muy asequible para estas bandas de desalmados.

     Varios fueron los saqueos sufridos por las egregias ruinas durante los primeros años de este siglo. El profesor Zamora Lucas narra dos de ellos en la obra ya reseñada.

     El primero de ellos protagonizado por un personaje ciertamente legendario; me refiero al Señor Izquierdo Jaúregui, escribano de Salas de los Infantes, profesor de Derecho Penal y de Economía política en la Universidad de Burgos. Este hombre de carácter y posición respetables, casado y amante padre de familia, se enamoró perdidamente de una gitana y, abandonando todo lo conocido, cambió su vida placentera y acomodada de incipiente burgués por las correrías sin tino, las noches en el carromato y la vida nómada y marginal de una partida de gitanos.

     Este curioso personaje, junto con algunos otros gitanos, fueron sorprendidos en el Convento en pleno acto delictivo por las autoridades de Guijosa. Detenidos inmediatamente, fueron juzgados al día siguiente en Aranda de Duero. Nada sabemos de la sentencia ni de los daños que pudieron causar en su acción; sí sabemos que el juicio despertó gran expectación por la fama del procesado. Aún hoy, se cantan coplillas y romances acerca de las aventuras y andanzas de este curioso individuo.

     La noche del 25 al 26 de julio de 1.912, otra partida de gitanos dio un nuevo golpe a las riquezas de la iglesia. Arrancaron valiosísimos cuadros de sus marcos -alguno de ellos atribuido a El Greco, según Zamora Lucas- que representaban escenas del Descendimiento, Santo Sepulcro y La Caridad. Fueron detenidos en Aranda y juzgados el 23 de octubre de ese mismo año. Las declaraciones de los inculpados debieron ser tan pintorescas y la capacidad del fiscal tan nula, que la acusación fue retirada sin poder recuperar nada de lo robado. Del paradero de los lienzos, obviamente, nada se sabe.

     A raíz de estos hechos se instaló un guarda permanente[11]. Demasiado tarde, ya que poco había que guardar.

     En 1.931, se arrancaron los sepulcros de los Avellaneda para trasladarlos a lugar más seguro. [12] El del Obispo D. Diego de Avellaneda puede ser contemplado en la sacristía de la iglesia de San Pablo en Valladolid -aneja al Museo Nacional de Escultura-, de los otros dos nada se sabe, tan solo rumores que no han podido ser verificados.[13]

     A partir de 1.931 , sólo queda del Convento una iglesia vacía. Vacía pero intacta, tan orgullosa y majestuosa que hoy sería la envidia de la comarca y orgullo de los de la tierra. La iglesia también se perdió. Lo que hasta ahora había ocurrido con los objetos de cierto valor artístico, va a afectar también a las piedras, las tejas y hasta los ladrillos. Por el Convento de Espeja pasó la apisonadora de la incomprensión, del egoísmo y la barbarie. Muchos fueron los responsables, la mayoría por falta de capacidad pero otros con plena conciencia y, por ello, más culpables.

     Hace muchos años me contó D. Saturnino,[14]en aquella época anciano y venerable sacerdote ya jubilado, la historia verídica que me complazco en transmitir.

     Era el buen D. Saturnino el joven párroco de Pedraja de San Esteban y, estando la iglesia necesitada de reparaciones de cierta urgencia, acudió en demanda de ayuda económica ante el obispo de Osma. No se quién era el obispo de marras, ni intención de averiguarlo. Este noble prelado argumentó que la diócesis no disponía en aquellos momentos de fondos para tales menesteres; pero que, en un lugar no muy lejano, podría encontrar buenos materiales de deshecho que podrían muy bien ser reciclados para reparar su parroquia. El lugar en cuestión era el Convento de Jerónimos y el párroco de Pedraja obtuvo la autorización y el beneplácito -aún más, la sugerencia- para coger tanto como pudiera cargar. Efectivamente, varios vecinos del lugar, con 4 ó 5 carros y al frente su párroco, se dirigieron al lugar señalado, escoltados por una pareja de la guardia civil en previsión de posibles altercados y, durante horas, cargaron todo aquello que les pudiera ser útil. La mayor parte sillares y piedras pero también una fenomenal losa de jaspe que hasta hace pocos años estuvo instalada en el altar mayor de la iglesia de Pedraja.[15]

   De la muerte definitiva de la iglesia dice José María Martinez Frías[16] "lamentablemente será demolida en 1.939 por los vecinos de Guijosa, para, de esta manera, impedir el regreso de los monjes y la posible incautación de sus tierras por parte de éstos".

4.1.4. ESTUDIO ARTÍSTICO

 En este capítulo nos vamos a apoyar en los testimonios de algunos historiadores que realizaron pequeños estudios acerca de aspectos concretos  del Convento. La mayor parte de ellos referidos a los sepulcros y, en ocasiones, al conjunto de la iglesia.

Aportamos algunos gráficos de la planta y alzado así como de la ubicación de cada uno de los tres sepulcros. Para la elaboración de éstos hemos recurrido a las descripciones de viajeros y estudiosos desde el siglo XVIII a principios del XX como Loperraez, de los antiguos, o Nicolás Rabal, entre los modernos.

    LA IGLESIA CONVENTUAL:

    Contamos con la descripción que de ella hace , en 1.917, el Padre Juán Manuel López.[1] Ha sido el principal testimonio para la reconstrucción de la planta y alzado. De ella dice:

    La iglesia, con planta de cruz latina y buena combinación de luces es de regulares y armónicas proporciones, mide por dentro unos 45 metros y medio de longitud por 25 de ancho en el crucero, y en relación conveniente está la altura o elevación. Una verja de hierro, elegante y sencilla, cierra la capilla mayor. El ábside y crucero con bóveda de cúpula cerrada, rebajada la del primero y de media naranja la del segundo, son de estilo neoclásico o del Renacimiento, con adornos sencillos de forma geométrica , enlazados, muy semejantes a los del panteón, sacristía y escalera principal del Convento de Santa María de la Vid, de la misma época (s. XVII), y quizá del mismo autor o arquitecto, lo que nada tiene de particular sabiendo que fueron los mismos los principales bienhechores de ambas comunidades: los señores de la casa y apellido de Avellaneda. Lo restante de la iglesia es de estilo ojival florido con ostentosos y muy salientes remates en las claves de los arcos. Dada la época en que se fundó el Monasterio de Espeja, no se puede dudar que la iglesia fue toda de estilo ojival, pero después la capilla mayor sufrió reedificaciones y transformaciones.  

PLANTA DE LA IGLESIA  

                                    La iglesia, en efecto, fue de estilo gótico, iniciada y concluida en el siglo XVI en un estilo que conocemos como gótico purista. Existe una fotografía del exterior del templo [2] sacada antes de su demolición, en ella se puede apreciar perfectamente su estructura originaria que coincide plenamente con la descripción del Padre López. Efectivamente, la planta era de cruz latina, orientada, como mandan los cánones, con la cabecera al Este. La nave estaba dividida en cuatro tramos, como se aprecia por los contrafuertes al exterior, cada uno de ellos de forma más o menos cuadrada y cubiertas con bóvedas estrelladas propias del siglo XVI. En el último tramo, del que se conserva la pared de los pies, en el lado del evangelio (Sur), se abría una portada renacentista de traza muy común a mediados del siglo XVI.[3] Para que el lector se haga una idea, la portada del Convento sería muy parecida a la que hoy podemos contemplar en la parroquial de Arauzo de Miel.[4]

   Se aprecia también en la fotografía la labor de mampostería en los muros y sillar en los contrafuertes. Su aspecto exterior era de auténtica fortaleza, gótica por las proporciones externas pero con una total carencia de luz, en una especie de horror al vacío más propia de estilos anteriores; en el muro que ofrece el documento gráfico tan solo se ven estrechas aspilleras. En el muro del hastial, el único conservado, se aprecia un ventanal con tracería típica del siglo XVI, del mismo tipo que hoy presenta la iglesia de Espeja en el muro Sur; en ella -en su parte superior- se puede observar el escudo heráldico del obispo Diego de Avellaneda con el capelo y demás atributos de su condición. Teniendo en cuenta que todos los templos empiezan siempre a construirse por la cabecera y concluyen por los pies, y estando en el muro del hastial el escudo de Diego de Avellaneda que falleció en 1.537, tenemos que concluir que la iglesia estaba terminada antes de esa fecha.

   En el interior se podrían apreciar varios estilos diferenciados. Los cuatro tramos de la nave eran de factura gótica con bóvedas de crucería estrelladas y claves muy salientes.[5] El crucero y presbiterio, reformados como hemos visto por D. Bernardino de Avellaneda, eran de estilo renacentista.

   Una reja de buen forjado cerraba la nave principal para dar paso al crucero y altar mayor. Además del testimonio del Padre López, contamos con el dibujo -a mano alzada y con poco pulso- que de la planta realizó D. Juán Cabré Aguiló en 1.910.[6] Por ellos sabemos que las bóvedas de los brazos del crucero, presbiterio y altar mayor eran de cúpula rebajada y la central de media naranja.

   En los pies de la iglesia estaba ubicado un coro elevado, todavía se ven  en la pared que subsiste, los arranques de las bóvedas cuyos nervios enjarjaban directamente en ménsulas renacentistas que aún se conservan. En este coro, como se contempla en el inventario, se instaló la sillería de nogal con 73 sillas, facistol, órgano y los cantorales.

   Otra fotografía, hasta ahora desconocida, publicada por D. Teófilo Portillo[7], nos ofrece algún aspecto más del interior de la iglesia. En ella se aprecia el altar mayor y parte del crucero. El acceso al altar mayor se hacía a través de una monumental escalinata de jaspe que acababa en una plataforma elevada desde donde se hacían los oficios. Se aprecia también parte de la verja de hierro que cerraba la nave y pequeños fragmentos del arranque de la cúpula central. En el suelo observamos un enlosado en ajedrez alternando baldosas oscuras con otras blancas.

   Como último detalle observamos también, en la capilla mayor, las rejas doradas de las ventanas que daban al palacete de los Condes de Castrillo. A la izquierda reconocemos perfectamente el sepulcro de D. Diego de Avellaneda.

                     ALZADO DE LA IGLESIA  

LOS SEPULCROS

 Ya he señalado anteriormente que tres son los sepulcros que, en su día, albergó la iglesia del desaparecido Convento de Espeja. Los tres del linaje de Avellaneda. Tan solo uno de ellos, con toda seguridad, puede ser admirado hoy en día; me refiero al del Obispo Diego de Avellaneda; se conserva en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, concretamente en la sacristía de la Iglesia de san Pablo. Los otros dos eran los enterramientos de Lope de Avellaneda y del caballero D. Diego de Avellaneda e Isabel Proaño, su esposa; en paradero desconocido a todos los efectos. Vamos, seguidamente, a analizar someramente cada uno de ellos.

 1. SEPULCRO DE D. DIEGO DE AVELLANEDA, OBISPO DE TUY.

    Murió D. Diego el año 1.537, un año antes había encargado su sepulcro. Recurrió a uno de los artistas más afamados del momento, Felipe Vigarny.[8] Este escultor pertenece a la escuela de Burgos, aunque de origen francés, acude a Burgos atraído por el momento de brillantez en las artes que atraviesa la ciudad castellana. La catedral es un foco de atracción importantísimo a donde acuden artistas se todo el reino y Europa; en Burgos va a coincidir con otros autores de enorme talla como Diego de Siloé o Francisco de Colonia; con el primero trabajará, al alimón, en varios proyectos. A Felipe Vigarny se le atribuye el inicio del Renacimiento escultórico español y es considerado figura cumbre del siglo XVI.

     El sepulcro del obispo es del tipo de arcosóleo.[9] Desarrolla una gran portada. Sobre un zócalo de caliza, ornamentado con atributos de la muerte -la escalofriante calavera-, se levanta una gran arcada, dentro de la cual se halla el obispo en actitud orante, acompañado de un acólito que le sostiene el báculo episcopal y las figuras de S. Juán y Santa Catalina. De esta forma, la figura orante deviene en un animado grupo, que hace olvidar la amargura del grave tránsito. Se trata de una evolución de la plástica funeraria que va a ofrecer, en las tumbas de la iglesia del Escorial, los más solemnes conjuntos sepulcrales. Se corona la tumba con un relieve en forma circular, efigiando a la Virgen con el Niño. Nos hallamos frente a una cumbre escultórica de Felipe Vigarny. Su arte acredita una corrección y academicismo pocas veces superado.[10]

     En la cartela del sepulcro se puede leer la siguiente inscripción:

 " Aquí esta sepultado el ilustre R.S. D. Diego de Avellaneda

  Obispo de Tuy y Presidente de Granada

Falleció el año MDXXXVII"

    Tenemos noticia del contrato firmado entre el obispo y el maestro Vigarny. Su fecha es de 25 de Noviembre de 1.536. En este contrato se puede apreciar la intención estética del obispo: se contrata una "lauda de jaspe polido; un enterramiento de alabastro muy limpio".[11]

     Efectivamente, el sepulcro, en el interior del arco, haciéndo como fondo de la escena funeraria, está revestido de planchas de jaspe pulido.

     Este mismo contrato nos indica la existencia de un sepulcro anterior en el convento pues se autoriza al maestro escultor para aprovechar el alabastro y demás materiales que requiera.

 2. SEPULCRO DE D. DIEGO DE AVELLANEDA E ISABEL PROAÑO:

    Estos fueron los padres del obispo del mismo nombre ya tratado anteriormente.

     Es de idénticas características que el anterior, también debido al cincel de Vigarny pues se encargaron al mismo tiempo, según se desprende de la cláusula de contrato mencionado en el apartado anterior.

   Estuvo situado en el en el brazo del crucero, lado de la epístola, junto a la entrada de la sacristía. Conservamos una lámina a plumilla que se publicó en 1.898 por obra de D. Nicolás Rabal.[12]

   Como he dicho es de la misma traza que el anterior: un gran arco entre columnas abalaustradas flanqueadas por dos abanderados. El arco descansa sobre un zócalo. En el nicho que encuadra el arco se ve la efigie de un caballero orante y un pajecillo que le sostiene el yelmo. En la lámina mencionada ya aparece el caballero decapitado, por el paso del tiempo o por la gracia de algún animal. El conjunto se corona con un medallón en el que no se aprecia el relieve, seguramente se trata de la representación de la Virgen con el Niño como en el caso del obispo.

   Al pie del sepulcro podía leerse la siguiente inscripción:

 " Aqui yace el noble caballero Diego de Avellaneda

                 y su muger donna Isabel Proaño".

    3. SEPULCRO DE D. LOPE DE AVELLANEDA:

    Situado enfrente del anterior, en el lado del evangelio. Para el estudio de este desaparecido sepulcro contamos con un estudio de Esteban García Chico,[13] por lo cual es el más documentado de los tres. Como en el caso anterior, existe una reproducción a plumilla recogido en la obra de Rabal.[14]

   En ella apreciamos que se trata de un tipo muy diferente a los de Felipe Vigarny. Es un sepulcro muy clásico, de líneas sobrias. Representa un frontón clasicista con pilastras como soportes. Todo el conjunto encuadra un arco de medio punto sobre un elevado zócalo, en el nicho formado, una urna de alabastro.

   No hay, en este caso, representación humana alguna sino una ilusión arquitectónica de una gran pureza formal; los materiales empleados fueron jaspe y alabastro.

   En una gran cartela situada en el basamento se podía leer la inscripción siguiente:

   " Aqui yace D. Lope de Avellaneda, Comendador de Aguilarejo, Gentil Hombre       de S. M. y su vehedor general de la armada de Vizcaya

    Falleció el 2 de octubre de 1.586".

    Fue autor de este sepulcro Juán Antonio Maroja, maestro de cantería con residencia en El Escorial.[15]

   Veamos ahora la transcripción de la escritura de concierto, para que el lector aprecie con que suerte de detalles y con que escrúpulo se contrataban en el pasado las obras de arte. Nada se dejaba a la improvisación, ni siquiera la forma de pago. También apreciamos en esta escritura que la traza se debió a un proyecto anterior ya existente y que ahora se va a modificar.

   El sepulcro se concluyó en 1.588.

    ESCRITURA DE CONCIERTO:

    "En la Villa de Madrid a veinte y un dia del mes de junio de mill e quinientos e ochenta e ocho años, por ante mi el escripuano publico y testigos de yuso escriptos, parescio presente Juan Antonio Maroja, maestro de canteria residente en El Escorial, y estando al presente en esta corte de su magestad e dixo e otorgo que toma e tomo a su cargo de hazer e que hara un entierro para el cuerpo de don Lope de Avellaneda, comendador de Aguilarejo, ques de la horden del señor Santiago e gentil hombre de su magestad, el qual enterramiento se obligo a hazer en la capilla de Valberde en el arco que esta arrimado al altar de forma y manera e con las condiciones siguientes:

     Primeramente se obliga de hazer y que hara en el dicho enterramiento conforme a una traza que tiene fecha e firmada de don Bernardino de Avellaneda y del Padre Prior del Monas terio de Espeja, ques de la horden de señor Sant Jeronimo, a donde se a de hazer el dicho enterramiento, el qual enterramiento lo questa dello jaspeado a de ser de jaspe, y lo que va de blanco a de ser y lo a de hazer de alabastro, y la dicha traza se entiende que a de ser despues de acavada del alto y grueso y ancho que tiene el entierro del padre del obispo questa enterrado en el dicho monasterio de Sant Jeronimo de Espeja, enfrente del arco donde ha de estar el dicho entierro del dicho don Lope, y lo a de entrincar i embeuer alli una encomienda de Santiago de jaspe que a de ser dentro de la pared del dicho arco lo qual es mas allende de la dicha traza.

   Ytem que ademas de lo contenido en la dicha traza en las lunetas blancas questan encima sean de poner de jaspe.

   Yten sean de quitar los angeles y escudos questan encima de la urna contenida en la dicha traza e por esto la urna se ha de levantar un pie mas alto, como esta en la traza, de manera que a de tener cinco pies y medio de alto.

   Ytem demas de la dicha traza a de aver un escudo con las armas del dicho don Lope, que a de ser de alabastro y a de estar asentado encima de la cornisa, en medio del frontispicio.

   Ytem quel dicho jaspe del dicho entierro a de hir bien ajustado lo uno con lo otro guardando la orden de la dicha traza, y las piedras an de ser de lo uno y de lo otro sin ningun pelo , muy buena, e las pilastras de jaspe an de ser de una pieza y en el yntel que atraviesan sobre las dichas pilastras an de ser de una pieza al largo sino de tres.

   Ytem en los perfiles de la urna sobre el alabastro a de hir remates dorados.

   Y en la forma sobre dicha tomo a su cargo de hazer e que hara el dicho enterramiento, el qual se obligo de hazer e conforme a la dicha traza e condiciones e le data fecho e acabado en toda perfecion para el dia de Navidad del año venidero de mill quinientos e ochenta e nueve, el qual tomo a su cargo de hazer a toda costa e por ello se le a de pagar ochocientos ducados y estos se an de pagar de la forma siguiente, doscientos ducados para el dia de Navidad venidero deste año ochenta e ocho años, e otros doscientos ducados para el dia de todos los santos siguientes del dicho año ochenta e nueve, e los doscientos restantes al cumplimiento del pago de los ochocientos ducados quando en esta escriptura se le mande pagar, acabado en todo punto el dicho entierro el qual como dicho es se obligo de dar fecho e acavado en toda perfecion a vista de maestros, a toda costa por el dicho precio, sin que se le de otra cosa ningunapra el dicho dia de Navidad del dicho año de ochenta e nueve y si para el dicho plazo no diere acavado el dicho enterramiento conforme a las dichas condiciones e traza original que queda en su poder, firmada del escriuano e del dicho padre Prior e del dicho don Bernardino de Avellaneda, que en tal caso da poder e facultad al dicho don Bernardino de Avellaneda para que pueda dar hazer el dicho enterramiento a los maestros y oficiales y a los mayores precios que quisiere e concertare y por toda la cantidad mas que montare el hazer del dicho enterramiento, de mas de los dichos ochocientos ducados se obligo de lo pagar por su persona e bienes con mas todo lo que oviere rescebido de los ochocientos ducados con las costas e daños e yntereses e menoscabos que sobrello se le siguiere e resciviese e que por todo lo qual puede ser ejecutado en su persona e bienes en virtud desta escriptura sin otro ningun recurso y ansi se obligo de lo guardar e cumplir e pagar y para ello obligo su persona e bienes muebles e raices avidos e por aver = y el señor don Bernardino Gonzalez de Avellaneda, señor de las villas de Valberde, Alcova y Alcuvilla e Quintanilla que al presente estava a lo que dicho es dixo que otorgaba e aceptaba y acepto esta escriptura e todo lo en ella contenido y se obligaba e obligo de le dar e pagar e que dara e pagara al dicho Juan Antonio Maroja o a quien su poder oviere los dichos ochocientos ducados, de onze reales de plata castellanos cada ducado, por la causa e razon de suso referida de que se constituyo por legitimo deudor, los quales se obligo de pagar a los dichos plazos en esta escriptura declarados ... y en firmeza de lo qual otorgaron la presente escriptura ante los testigos que fueron presentes a lo que dicho es Francisco de Silva e Juan Santiago e Juan Avendaño estantes en esta corte de su magestad e los otorgantes que yo el escrivano desta carta doy fee que conozco, lo firmaron de sus nombres en este registro.

   DON BERNARDINO DE AVELLANEDA

 Paso ante mi:

BALTASAR SANDEJOS

                UBICACION DE LOS SEPULCROS

                        SEPULCROS EN NEGRILLA

                             SEPULCRO DE VALLADOLID


[1] Los monasterios medievales se van a caracterizar por dos hechos fundamentales. El primero de ellos relativo a su influencia religiosa, por otro lado evidente; y el segundo por su quehacer cultural. Cuestión común a todos ellos es el hecho de contar con gente letrada, versada en las principales disciplinas de la época: teología, latín, gramática ....; por otra parte cada una de estas instituciones suele destacar en una producción artística concreta de la que acaban haciéndose especialistas. En el caso del Convento de Espeja este aspecto se va a materializar en la producción de casullas bordadas y la elaboración de libros cantorales.

[2] Dicen los cronicones que se dejó como reloj de sol.

[3] No conozco ningún caso de vida tan corta.

[4] Aparece indistintamente en las fuentes. No obstante la denominación más frecuente es, literalmente, "Convento de Jerónimos de Espeja".

[5] SIGÜENZA, José de. Op. Cit.

[6] Empeño vano, pues ya hemos visto cómo la muerte le sorprendió en su exilio florentino trasladándose sus restos a la catedral de Burgos.

[7] LOPERRAEZ CORVALÁN, Juán. Op. Cit.

[8] Loperraez incurre en un error, pues dice que el valor de las rentas y propiedades de una nueva fundación no pueden exceder de la quinta parte.

[9] El original se encuentra en la Catedral de El Burgo de Osma. Regogida y transcrita por Loperraez.

[10] Éstas, como obras más urgentes dado que se quería iniciar inmediatamente la vida monástica.

[11] Cuando el Cardenal dona , o agrega , al Convento las rentas de estos pueblos, se entiende que dona todas aquellas percepciones que le correspondían en derecho. Es decir sólo una pequeña parte de las rentas totales que pagan los habitantes de los pueblos. El obispado como señor Jurisdiccional recibe rentas por infurción, además del diezmo preceptivo; ambas van a pasar a la administración directa del recién fundado convento.

[12] SIGÜENZA, José de. Op. Cit.

[13] La monarquías de esta época, tan metidas en conflictos de todo tipo: guerras señoriales, expansión de territorios, matrimonios de interés .... estuvieron muy necesitadas de dividendo. Conocido es de cualquier estudiante de historia la cantidad de préstamos que los reyes solicitaban a judíos, banqueros genoveses, nobles de su confianza, etc...

[14] Se refiere a las rentas de una población de ese nombre. No se, a ciencia cierta, de que pueblo se trata. Puede corresponder al actual Valdenebro, cerca de El Burgo. Loperraez lo cita como Valdenbrada.

[15] Excluida la iglesia que se comenzó en el Siglo XVI, un siglo después de la fundación. Anteriormente los oficios debían celebrarse en la antigua ermita de Santa Águeda.

[16] Esta descripción es del año 1.848.

[17] LOPERRAEZ CORVALAN, Juán. Op. Cit.

[18] LOPERRAEZ CORVALÁN, Juán. Op. Cit.

[19] LOPERRAEZ lo cita como "un regular palacio", más bien pensamos que sería un pequeño palacete o casa de campo.

[20] Historia de Soria.

[21] En la época de la desamortización se conservaban en el coro de la iglesia treinta y tres de estos cantorales.

[22] SIGÜENZA, José de. Op. Cit.

[23] Apreciamos una contradicción, más bien una lectura equívoca de las fuentes pues D. Teófilo Portillo, en su obra ya mencionada "El desierto y la celda en la vida y muerte del Obispo Juán de Palafox y Mendoza", recoge un dato encontrado en la documentación de la catedral. Es un apunte de contabilidad en la que se consigna un determinado gasto en concepto de paños para hábitos destinados al Convento de San Jerónimo; allí se afirma que hay 28 religiosos en el año del apunte que es el de 1.786. Sabemos con toda certeza que en 1.821 el convento está, a los efectos, abandonado; no nos parece acertado el dato de 1.786.

[24] NÚÑEZ MARQUES. Op. Cit.

[25] Este fraile aparece como titular de Espeja al menos hasta 1.841

[1] La madre de la reina consciente de la debilidad de su regencia, necesita proveerse de apoyos sólidos que aseguren la llegada al trono, como mayor de edad, de su hija Isabel. En esos momentos sólo puede materializar ese apoyo en una de las dos Españas que, ya en estos momentos, se están empezando a fraguar. Decide aliarse con los liberales y es por esto que los planes de desamortización se retoman ahora.

[2] Bastante maltrecha todavía a consecuencia de las secuelas de la reciente guerra contra los franceses.

[3] Como representante de la autoridad civil que, no lo olvidemos, es la que impulsa el proceso desamortizador.

[4] Ya suprimido el "fray".

[5] Nada se sabe del paradero de esa cruz.

[6] Este tipo de falsos relatos suele referenciarse en hechos ciertos para darle más validez y más énfasis. El "Tío Bernabas"- Bernabé Esteban- debió nacer en Junio de 1.835.

[7] No sabemos si de forma espontánea, o con consentimiento de los poderes civiles, o consentimiento de la diócesis.

[8] La cerca, dentro de la que estaría la huerta, así como el palomar, aún pueden apreciarse sobre el terreno pues las paredes subsisten todavía.

[9] ZAMORA LUCAS, Florentino. Op. Cit.

[10] Entiéndase rentas.

[11] Imaginamos que a costa de la Comisión de Monumentos de Soria, antecedente de la Dirección de Patrimonio Artístico.

[12] Al menos uno de ellos se vendió al Museo Nacional de Escultura de Valladolid, según rumores no contrastados en 50.000 pesetas.

[13] Según el prestigioso historiador Sr. Azcárate, en la obra "Ars Hispaniae", apunta la noticia del traslado del sepulcro de Diego de Avellaneda e Isabel Proaño a Alcalá de Henares; imagino que es la misma fuente que cita José María Martinez Frías. No dice cuando, ni como, ni tan siquiera lo apunta como una certeza. Hace un par de años me trasladé a esa ciudad con la intención de entrevistarme con todas las autoridades civiles y religiosas de la localidad e intentar confirmar el rumor o desmentirlo; nadie tenía noticia de semejante sepulcro y, hay que observar, que una obra de Vigarny no pasa desapercivida. Yo personalmente creo que en Alcalá de Henares no esta.

[14] Me refiero al Padre Saturnino Álvarez Cabrerizo que fue párroco en Pedraja de san Esteban y, más tarde, en Valdenarros.

[15] La iglesia de Pedraja fue reconstruida hace 5 años, los posibles materiales traídos desde Guijosa desaparecieron al acometer estas obras.

[16] MARTINEZ FRÏAS, José María. "El Gótico en Soria".

[1] LÓPEZ, Juán Manuel. "El Monasterio de Espeja". De la revista España y América, nº 15.

[2] Esta fotografía está publicada en la Historia de Soria" y en el trabajo de José María Martínez Frías "El gótico en Soria".

[3] MARTÍNEZ FRÍAS, José María. "El gótico en Soria. Arquitectura y escultura monumental". Salamanca, 1.980.

[4] De esto sabrán más los jóvenes del lugar.

[5] LÓPEZ, Juán Manuel. Op. Cit.

[6] CABRÉ AGUILÓ, Juán. "Catálogo monumental de Soria". Soria, 1.910. Manuscrito.

[7] PORTILLO CAPILLA, Teófilo. Op. Cit.

[8] También podemos encontrarlo en los manuales como Felipe Bigarni o de Borgoña.

[9] Tipo de enterramiento muy común en el siglo XVI español; en él el grupo funerario se encuentra bajo un gran arco que lo encuadra.

[10] MARTÍN GONZÁLEZ, Juán José. "El museo Nacional de escultura de Valladolid".

[11] SÁNCHEZ CANTÓN, F.J. "Los sepulcros de Espeja". Celtiberia.

[12] RABAL, Nicolás. "Soria, sus monumentos y su arte, su naturaleza y su historia". Soria, 1.898.

[13] GARCÍA CHICO, Esteban. "El sepulcro de D. Lope de Avellaneda en Espeja".

[14] RABAL, Nicolás. Op. Cit.

[15] Sin duda se contrató a este cantero por las relaciones que, por aquella época, tenía el Convento de Espeja con la villa de El Escorial; todo ello debido a las ventas constantes de jaspe de Espeja, cuyas canteras como hemos visto eran de propiedad del convento, para las obras del Real Monasterio que, por iniciativa de Felipe II, se construía en la villa.