Historia de La Villa de Espeja y sus cosas notables
  1. Introducción
  2. Evolución Histórica de la Villa de Espeja
    1. Prehistoria
    2. Espeja Prerromana
    3. Roma
    4. Edad Media
    5. Edad Moderna
    6. Edad Contemporánea
    7. Apéndice: Censos de Población
  3. Curiosidades
  4. Manifestaciones Artísticas
    1. El Convento de Jerónimos
    2. Las Iglesias Parroquiales
    3. Imaginería
  5. Bibliografía

3.- Curiosidades[1]

     1. En la visita parroquial del año 1.788 el visitador[2] deja escrito, en el libro de carta-cuenta[3] de la parroquial de Espeja el siguiente mandato que, a continuación transcribimos:

     "[...] Que no permita el cura que, mozos y mozas se junten las noches de invierno con el título de ilorios ni consienta los bailes con motivo de pascuas, pues no es justo que los días más sagrados, y dedicados a Dios sean en los que más se le ofenda, sobre cuyo particular encarga gravemente S.I. la conciencia al cura para que lo cele a las (borroso) para que lo eviten, a los padres y amas para que no permitan que sus hijos e hijas asistan a semejantes juntas y festejos dedicados propiamente al diablo, y por la misma razón deberán evitar que los mozos salgan por la noche de a ronda alborotando al pueblo".

     El mandato es diáfano, no deja lugar a dudas acerca del poder sobre las conciencias que, desde el púlpito, ejerce el clero. En este caso se condenan tres celebraciones diferentes que, por cuestión de tradición, se celebraban tanto en Espeja como en muchos otros pueblos de la comarca. Una de ellas son los bailes en Semana Santa; otra son las rondas espontáneas que, sin duda, se celebrarían a menudo; la tercera son los famosos ilorios.

     Esta suerte de celebración tiene un origen, ciertamente curioso por lo picaresco de la idea. Desde tiempo inmemorial, en las largas y crudas noches de invierno, existía en los pueblos la costumbre de juntarse las mozas en casa de una de ellas para hilar y, al mismo tiempo, compartir conversación. De tal forma que la frase "hoy vamos de hilorios a casa de Menganita" significaba que esa tarde-noche la reunión de mozas era en casa de Menganita.

     En sus orígenes la reunión no tenía otro carácter que la anteriormente citada. Muy pronto se convirtió, sobre todo para los desocupados mozos, en un indicio infalible de en qué lugar se encontraban todas las casaderas del pueblo. Este nuevo caracter fue el que impregnó definitivamente a los hilorios una nueva definición, a saber: reunión festiva de mozos y mozas en casa de una de ellas, en la que se propician lances de amor.

    No es de extrañar que, desde el púlpito, se quisiera acabar con tan degenerada práctica.

     2. En 1.909, Manuel Blasco Jiménez elabora un nomenclator de la provincia de Soria. En el caso de Espeja se dice, entre otras cosas, que la escuela tiena una asignación anual de 500 pesetas. Los habitantes son 1.260, de los cuales 287 corresponden a la villa de Espeja. Pero lo más curioso es la descripción de sus habitantes:

     "Las costumbres de sus moradores son sencillas, su índole pacífica y sufrida y su vestir modesto".

     3. Desde la fundación del convento o poco más adelante, las parroquias de Espeja fueron servidas por frailes del mismo que ejercían de párrocos. Esto vino siendo así hasta la desaparición del convento y posterior desamortización.

     El último fraile que aparece en la documentación como párroco de Espeja es Fray Nicanor Cantabrana en 1.841. A partir de este momento los párrocos pertenecen al clero secular.[4]

    4. Como dato curioso  vamos a hacer una transcripción de los objetos de plata que poseía la parroquia en el año 1.634. Este inventario aparece en los libros de carta-cuenta conservados en El Burgo y es de un grán interés pues por los bienes de una parroquia se puede adivinar, en cierta medida, la situación general del colectivo en ese momento concreto. No olvidemos que, cuando se produce una situación de bonanza económica, aumentan las limosnas y, con ellas, los objetos de culto.

    "Memoria e imbentario de los bienes que tiene la Yglesia de la villa de Espexa, hiçose nuebamente siendo mayordomo della Esteban del Castillo el Viejo y cura el padre Fray Bernave de Velorado y sacristan Pedro Zibrian Moço. En 2 de Febrero de mil y seiscientos y treinta y quatro años.

    Primeramente una cruz de plata sobredorada ..............................................................     Ytem mas tres cálices el uno de bronce con la copa y patena de plata y todo sobredorado, y los dos todos de plata con sus patenas............................................................................................................

    Ytem mas un cobertor de plata con su viril[5] que sirve para la custodia  del Santisimo Sacramento   

    Ytem mas quatro sartales[6] de plata y corales para la virgen, el uno de setenta y seys quentas y dos crucetas y ocho corales. El otro de sesenta y dos quentas y una cruceta buena doblada y ocho corales         

    El otro de diez quentas y una cruceta pequeña y corales. El otro de veinte y seys quentas y cruceta pequeña y corales...............................................................................

     Ytem unas vinaxeras de plata ........................................................................................     Ytem unas crismeras[7] de plata .....................................................................................     Ytem la custodia de plata en que esta el Santisimo Sacramento .................................

    Años más tarde, en el inventario de 1.788, aparecen como nuevos objetos de orfebrería un incensario de plata con su naveta y cucharilla de plata, una concha de plata para bautizar[8], una corona de plata con su rastrillo de Nuestra Señora y, en el rosario, un Cristo de plata y, en el vestido, dos joyeles de plata.

    5. San Marcelino fue un martir cristiano muerto durante la persecución de Diocleciano, en el año 303. Vivió y murió en Roma degollado junto a Pedro exorcista. Sus huesos vinieron a descansar al Convento de Jerónimos. Abandonado el citado convento las reliquias viajaron, junto con su urna, a la parroquial de Espeja; y el pueblo, lleno de fervor místico, le puso a la villa el famoso apellido que hoy ostenta. Esto debió ocurrir entre 1.850 y 1.870.

    Hace un tiempo quise investigar sobre la figura de este venerado martir y, cual fue mi sorpresa, cuando me encontré otras supuestas reliquias suyas en la iglesia alemana de Maliahem.

    El caso me recordó aquella famosa frase, muy ocurrente por cierto y llena de humor caústico, que afirma que con todos los fragmentos de lignum crucis[9] desperdigados por el mundo se podría construir otra Armada Invencible.

    6. D. Licinio LLorente, en su "Anario-Guía de Soria y su provincia" publicado en 1.913, aporta los siguientes datos referentes a Espeja:

    Habitantes: 1.322

    Alcalde: D. Antonio Peñaranda

    Secretario: Domingo Aparicio

    Párroco: Manuel Caballero

    Maestro: Blas Pastor Díaz

    Médico: Federico Sanchez

    Farmacéutico: Sra. Viuda de Andrés Ruvira (Guijosa)

    Veterinario: Ignacio Muñoz

    Fiscal municipal: Ildefonso Molinero

      7. Referido al origen etimológico de la voz "Espeja" , el padre Fray José de Sigüenza, a quién ya me he referido y me referiré en el capítulo del Convento; apunta una teoría, equivocada, pero no exenta de empirismo lógico y grandes dosis de imaginación.

    El padre Sigüenza es un gran erudito de vasta cultura, muy variados conocimientos e infatigable lector; no obstante, en este caso, el desconocimiento de la documentación medieval le hace "meter la pata", aúnque su explicación resulta claramente razonada e incluso convincente. Hace derivar el nombre de Espeja de jaspe, avalado todo ello por la existencia de las conocidas canteras. Veamos su explicación en su propio lenguaje.

    "(Espeja) Este nombre tenía aquel término (digamos esto de camino) por una famosa cantera que está allí cerca de iaspes [...].

    Traspusieron las letras del nombre, por la figura que llaman los griegos Metathesis, que quiere decir trasposición y de Jaspe dixeron Espeja, cosa muy usada en las lenguas en especial en la hebrea, donde lo tomó la castellana".

    8. D. Juan de Palafox y Mendoza, el venerable Palafox, fue obispo de Osma de 1.654 a 1.659. Su vida no estuvo exenta de actos de cierta santidad, de tal forma que, a su muerte, se iniciaron los trámites para su beatificación.

    En 1.667 se inicia el Proceso Ordinario en donde, avalado por numerosos testigos, se da cumplida cuenta de las acciones más memorables de su vida. En 1.729, se inicia el proceso apostólico sobre las virtudes y milagros del Venerable Palafox.

    Don Teófilo Portillo Capilla, canónigo de la catedral de El Burgo de Osma, archivero del Obispado y profesor del Seminario Diocesano, publicó en 1.989 un estudio sobre la vida y obra de D. Juan Palafox con el título de "El desierto y la celda en la vida y muerte de D. Juan de Palafox y Mendoza".

    En dicho estudio relata un episodio transcendental de la vida de nuestro obispo, que tuvo como escenario singular el Convento de Jerónimos de Espeja.

    En la primavera del año 1.659 salió el Venerable Palafox camino de diferentes parroquias de su diócesis para realizar la visita pastoral[10]. El tres de Junio, por la mañana, visitó la parroquia de Espejón: ese mismo día, a primeras horas de la tarde, tomó el camino de Valdespejón para llegar a Espeja, allí realizó la visita en menos tiempo del acostumbrado, administró la confirmación[11] y revisó las cuentas de la las iglesias de Espeja y San Asenjo. Esa misma tarde siguió camino hasta Orillares donde realizó lo propio.

    Al atardecer del 3 de Junio, acabada la jornada, se dirigieron D. Juan y sus acompañantes al Convento de Jerónimos donde pensaban pasar la noche. Se alojó en la celda del prior que según la crónica "era digna y sobria con pavimento de ladrillo y techumbre de yeso encalado, sin más decoración que un cuadro de San Jerónimo".

    Esa misma noche se le apareció, en la celda, un amigo suyo ya difunto que le anunció la proximidad de su muerte. El obispo recibió una gran impresión; salió de la celda prioral y se dirigió a la iglesia del Convento en donde permaneció toda la noche rezando.

    Cuatro meses después, el uno de Octubre de 1.659, moría el Venerable Palafox en el palacio episcopal de El Burgo de Osma.

    Como hemos dicho antes, en 1.729 -setenta años después-, se inicia el Proceso Apostólico y, por tanto, la recopilación de testimonios y actos de santidad.

    Se acudió al Convento de Espeja y fueron tres los frailes que testificaron: Fray Pablo de los Reyes, Fray Justo de Guadalupe y Fray Miguel de Santo Tomás; todos ellos, lógicamente, no habían sido testigos directos del suceso, pero podían aportar el testimonio heredado de otros frailes que si lo fueron.

    Veamos, como curiosidad, el relato de Fray Pablo de los Reyes, ya algo retocado y con algunas fantasías por los años transcurridos, pero de un inmenso valor testimonial:

    "Dios sabe que el dicho siervo -D. Juan de Palafox- tuvo algunas apariciones y visiones celestiales, como fueron una en el dicho Convento de S.Jerónimo de Espeja, donde se hallaba el Venerable Siervo de Dios -aúnque no sabe en que año-, y estando para recogerse en su dormitorio -que era la celda prioral, en que el testigo ha vivido algunos años, y en donde había una pintura de S.Jerónimo-, le habló al siervo de Dios y le dijo: Juan, sal de la alcoba, porque se desploma, y luego que salió se cayó el techo de ella, con que se verificó el suceso ...[12]

    [...] Y otra fue que hallandose el dicho Siervo de Dios en el referido Convento de San Jerónimo de Espeja, para visitar los lugares comarcanos, y estando una noche en la oración que comunmente tenía antes de recogerse a descansar el poco tiempo que acostumbraba, en la misma celda prioral oyó una voz que salía de la misma pintura de San Jerónimo[13] que le decía: Juan ve a morir a Tu Esposa[14], y al día siguiente se restituyó a su palacio episcopal, y habiéndole dicho antes el prior, que a la sazón era del convento que como aceleraba su viaje, cuando había manifestado detenerse más tiempo, respondió: su Santo tiene la culpa, y pocos días después[15] murió el dicho servio de Dios, y sucedió esto en el año de mil y seiscientos y cincuenta y nueve, aunque no se acuerda el mes ni el día, y lo sabe por ser asimismo noticia constante en el dicho convento y en toda la orden de San Jerónimo, y por tal la ha oido el testigo a los religiosos".

    El segundo testigo Fray Juan de Guadalupe tenía en 1.729 63 años, así que conoció en el convento algunos frailes que fueron testigos directos del suceso y así lo afirma:

    "[...] Todo lo cual oyó decir el testigo a los Padres Juan de Santa Cruz, Fray Juan de Navarra y Fray Juan de San Miguel, difuntos religiosos de dicho Convento".

    La visión del Obispo Palafox y Mendoza, con el anuncio de su propia muerte, encontró lugar propio de comentario y ámbito de espectación en el Monasterio de Espeja. El cumplimiento del mensaje profético el día 1 de Octubre de 1.659, enraizó aún más el fervor palafoxiano y la fama de santidad de nuestro Venerable Prelado en aquel monasterio.[16]

    Los monjes de Espeja hablaban también de otros sucesos prodigiosos protagonizados por el Obispo Venerable en ocasiones anteriores. Todos ellos fueron transmitidos de viva voz a las nuevas generaciones de novicios, dando lugar a lo que se denomina "tradición jerónima". El Convento de Espeja se convirtió en centro de irradiación palafoxiana, actuando de propagadores tanto los que atendían las parroquias cercanas, como los que se trasladaban a cumplir sus votos a cualquier otro Convento.

    9. En el citado libro de D. Teófilo Portillo, que acabamos de glosar, se dice que el Venerable Palafox estuvo en Espeja el día tres de Junio, segundo día de la fiesta; pues bien, el día tres de Junio de 1.659 no era la fiesta de Espeja. La villa de Espeja celebraba sus patronales el 15 de Agosto, día de la Asunción de María hasta bien entrado el siglo XIX. Al recibir las reliquias de San Marcelino, hacia 1.850[17], y por otra serie de razones más de caracter laboral, se cambió el patrón, pasándose a celebrar San Marcelino en lugar de La Asunción.

    10. La Leyenda de los Siete Infantes de Lara, relato épico castellano, mitad historico mitad mitológico tiene algo que ver con nuestro pueblo pues fue precísamente en un paraje de Espeja, Valdespejón, donde se desarrolla la escena culminante de la venganza que relata.

    El episodio se desarrolla a finales del siglo X, concretamente durante los mandatos de los condes Fernán Gonzalez y García Fernandez[18]

    Gonzalo Gustios[19] es un rico hombre[20] de Salas que tiene siete hijos varones: los siete infantes. La historia cuenta el episodio de una abominable traición que acabó con la vida de los siete hermanos y el drama de Gonzalo Gustios.

    Hallándose toda la familia en Burgos asistiendo a los esponsales de Doña Lambrea con un tío de los infantes, Rodrigo Velazquez, huvo un duelo en el que murió un primo de la novia a manos del menor de los infantes. Este será el desencadenante de la tragedia.

    Doña Lambrea urdirá su venganza solibiantando los ánimos de su marido.

    Gonzalo Gustios es enviado en traición a Almanzor que le hace prisionero. Los infantes son traicionados, en ausencia de su padre, en el campo de Almenar por su tío, allí mismo son descabezados los siete. Las cabezas son enviadas a Almanzor que las muestra a su padre. Almanzor se apiada ante el enorme dolor del anciano y le envía a su hermana para consolarlo.

    Años después Gonzalo es liberado mientras, en la hermana de Almanzor, ha prendido la semilla de un amor. Poco tiempo después nacerá un niño que llevará el nombre de Mudarra.

    Antes de partir D. Gonzalo a Castilla hace prometer a la princesa que, cuando el niño crezca, le será enviado a sus tierras para poder consumar la venganza contra D. Rodrigo el traidor.

    Pasan los años y Mudarra llega a Castillla presentándose ante su padre; el bastardo inicia una persecución de D. Rodrigo arrasando a su paso todas las tierras del infame conde.

    Por fin se produce el encuentro de ambos, se baten y Mudarra hiere a D. Rodrigo; lo monta en un pollino y, llegando a Salas, es ajusticiado en la forma más vil consumándose de esta forma la venganza de Mudarra.

    El fragmento del romance que nos interesa es el del encuentro de perseguido y perseguidor. Veamos lo que dice Menendez Pidal.

    "Por último, Ruy Velazquez sale de allí muy de mañana y sube cazando por la ribera de un río que llaman las crónicas aguas de Espeja; este río ha de ser el río Vezo, que se forma de varios arroyos en los términos de Espeja y Espejón y va a morir al Arandilla, a poco más de un km. de Coruña.

    Cansado ya Ruy Velazquez de tanto huir cuando le anuncian que se acercaba la hueste de Mudarra, quiso hacerle frente: "e aquel donde le esto dixeron avia nombre de Val de Espeja; e dijo estonce Ruy Vasques que alli los esperaria; e porque los espero alli ovo nombre de alli adelante de Val de Espera, e asi lo ha oy dia"[21] Hoy no se conserva rastro de la tradición a la que alude el juglar ni sí que paraje alguno lleve el nombre de Valdespera. Sólo conozco un Valdespejón, valle de media hora, entre las villas de Espeja y Espejón; quizá sea el lugar donde fue herido D. Rodrigo. Mudarra, haciendo a éste prisionero, lo lleva a través de los pinares de Catalago(SIC) y Arganza hasta Vilviestre, que dista cuatro leguas de Espeja, y es el sitio donde fue ajusticiado el traidor".

                              Ramón Menendez Pidal

La leyenda de los siete infantes de Lara.

     La leyenda se recogió en un romance épico que cantaban los juglares ya desde, probablemente el Siglo X. Aparece recogido en la Crónica General de Alfonso X[22] y en la Crónica General de 1.344. Es en esta última versión donde se recoge el episodio del encuentro que transcribimos parcialmente:

      "[...] e quando don Mudarra llego a Aranda, el traydor era en Coruña, que la tenia en grant onrra como suya, e los que y moraban como suyos; e aluergo y esa noche, e madrugo quando cantauan los gallos, e fuese agua de Espeja açima; e quando fue mañana, yua catando la rribera con su açor muy bueno que traya, e ante que llegase a Espeja, fallo una garça muy brava, e lançole el açor de muy lueñe, e el açor no la pudo alcançar, e rodeola a tan alto que lo perdieron de vista. E Ruy Vasques fue por esto muy sañudo; e començo de lo buscar, con sus tresientos cavalleros que traya, por toda parte. E ellos asy buscando su açor, vieron venir a don Mudarra con mill cavalleros que traya con sigo; e los atalayas que Ruy Vasques traya vieron venir a don Mudarra e fueronse para el y dixeronle: señor, afevos aqui viene don Mudarra con muy grandes compañas. E aquel lugar do le esto dixeron avia nombre Val de Espeja, e dijo estonçe Ruy Vasques qure alli los esperaria; e porque los espero alli, ovo nombre de alli adelante Val de Espera, e asy lo ha oy dia".


[1] He incluido este apartado para poder introducir todas aquellas anécdotas, curiosidades o aspectos llamativos que no tenían cabida en el desarrollo histórico del trabajo pero que son de un gran intéres.

[2] El visitador es un prelado que actúa en nombre del obispo; visita las parroquias y da instrucciones, ya de orden litúrgico; doméstico o; como en este caso, consejos o mandatos de corte moral.

[3] Libro que recoge diversos aspectos del devenir de la parroquia. Su función primordial es la de libro contable; también se anotan en él los mandatos del visitador.

[4] El primer cura del clero secular fue Mariano Alvarez de Eulate en 1.849.

[5] Receptáculo circular donde se coloca la forma consagrada para acoplarlo en la custodia.

[6] Especie de rosario o el rosario mismo.

[7] Vaso donde se guarda el crisma.

[8] Según los libros de fábrica ésta concha se adquirió en 1.707 y costó 5.712 maravedis.

[9] Supuestos fragmentos de madera de la auténtica cruz en la que murió Cristo.

[10] No era frecuente en las visitas pastorales la presencia del Obispo; generalmente este delegaba en un canónigo de su diócesis que se conocía por visitador. No obstante el Obispo Palafox solía hacer estas visitas personalmente.

[11] Las confirmaciones solían hacerse en la iglesia del convento cada cierto tiempo. En este caso parece que el Venerable aprovechó su presencia en la visita para confirmar en las parroquias.

[12] Este episodio es, seguramente, falso.

[13] Ya hemos visto como el relato exacto fue la aparición de un amigo difunto. Que fuera el propio S. Jerónimo, a través de un cuadro, el que habló al Venerable, es también una fantasía producto del tiempo transcurrido.

[14] A tu diócesis. A El Burgo de Osma.

[15] En realidad cuatro meses.

[16] PORTILLO CAPILLO; Teófilo. Op. Cit.

[17] En el Diccionario de Madoz, ya citado, escrito en 1.848; Espeja todavía no era de "San Marcelino".

[18] Curiosamente, en la misma época de los acontecimientos narrados en el documento de los infanzones.

[19] Sin duda emparentado con el hombre de confianza del conde que aparece en el documento de los infanzones, Roderico Gudestios (Rodrigo Gustios).

[20] Denominación de caracter nobiliar.

[21] Este intento de explicación etimológica no es cierto.

[22] De finales del siglo XIII.